lunes, 8 de febrero de 2010

Los mercados atacan al Gobierno

Vaya semana bursátil la última. El Ibex-35 cayó más de un 7%, y desde el comienzo del año más del 15% frente al Dow Jones norteamericano, por utilizar una referencia internacional, que la semana pasado cayó un 1% y en lo que va de año un 5%. Algunos periódicos han tildado esta caída como un ataque de los mercados a la gestión económica que viene realizando nuestro Gobierno. Y probablemente así es, pero conviene matizar. Porque dicho así, los mercados atacan a nuestro Gobierno, casi me dan ganas de coger las armas e irme a por la pandilla de hijos de mala madre que desde los mercados atacan a nuestra patria. Dicho así, este gobierno, que tan malo me parece, no deja por ello de ser mi gobierno, el que hemos elegido los españoles, y no puedo admitir que un grupo de especuladores extranjeros intente imponerme mi gobierno. Dicho así, casi estoy dispuesto a revivir el 2 de mayo y encabezar una partida que prenda fuego al distrito financiero de Madrid para ir empezando. Dicho así, parece que intentan violar nuestra democracia, y uno comprende a los que dicen que es una vergüenza que los mercados intenten sobreponerse a la soberanía nacional. Pero insisto: dicho así. Porque lo que ocurre se puede decir de otra manera que, además, es la que de verdad explica lo que pasa. Vamos a por ella.

Los inversores extranjeros están vendiendo sus activos financieros en España: es decir, las participaciones que tienen en las empresas domiciliadas aquí, y los bonos, representativos de deuda, emitidos por esas empresas y por nuestro Gobierno, la deuda pública. Y lo venden porque no les gusta cómo se están llevando las cosas en España. No tienen ningún interés en que el Gobierno cambie o continúe, pero sí tienen interés en acertar con sus inversiones, y parece que ahora mismo estar en España no es una gran idea. La caída de nuestros mercados financieros es una consecuencia no buscada por ellos y en ningún caso es un medio para alcanzar un fin político que, por otro lado, no les interesa lo más mínimo.

Podemos evitarnos los españoles estos disgustos que nos dan los mercados cuando dejamos de gustarles. De hecho, en las dictaduras y en los regímenes totalitarios, se los evitan bajo la excusa de la independencia y la soberanía nacional. Es tan sencillo como no dejar invertir a los extranjeros en España: que no financien nuestras empresas cuando hay oportunidades de negocio y empleo, ni nuestro consumo cuando no ahorramos lo suficiente. Pero claro, la alternativa no me gusta nada. Ellos sólo velan por sus intereses que, además, no son tan contrarios a los nuestros.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 5 de febrero de 2010

Sindicatos ¿para qué?

Hemos llegado al viernes y voy a recomendarles un libro de Federico Hayek. Y con éste van tres, pero es que no me he podido resistir cuando repasando en mi biblioteca he visto el título: Sindicatos ¿para qué? Han leído perfectamente: Sindicatos ¿para qué? Es un libro corto, apenas cien páginas, que contiene dos interesantes artículos que cuestionan el papel de los sindicatos en las sociedades libres.

Al fin y al cabo, y España es un buen ejemplo, los sindicatos que han conseguido institucionalizarse son aquellos de raiz marxista, defensores de sociedades totalitarias en las que el nivel económico del trabajador es muy bajo, por lo que la conclusión es obvia: no son los sindicatos los que han creado las magníficas condiciones de trabajo -en comparación con las de los países socialistas, de que gozan los trabajadores en los países libres-, sino el hecho diferencial entre los dos grupos de naciones: la libertad. Si los sindicatos hubieran alcanzado su objetivo de implantación del socialismo, estaríamos tan bien como en la antigua Unión Soviética y sus satélites.

En todo caso, habría que decir que las condiciones laborales en el mundo libre se han alcanzado pese a los sindicatos. España es, también, un buen ejemplo. Fíjense en el enorme empleo juvenil: un 44%, mientras los sindicatos siguen defendiendo a los trabajadores de determinados sectores; aquéllos que por tamaño, productividad o ayuda pública, pueden sostener liberados sindicales. Fíjense en la escasa diferenciación salarial en España: la más baja de la OCDE entre trabajadores con y sin titulación universitaria, y la mitad que la media, lo que reduce el incentivo al estudio. Y sin gente que estudie, ¿cómo quieren apostar por una sociedad del conocimiento? Pues nuestro premio Nobel de Economía favorito pone en duda muchas cosas, con argumentos similares a los que les he propuesto. ¿Por qué los sindicatos tienen que financiarse con dinero público? o ¿por qué puede utilizar la violencia de manera impune en muchas ocasiones? Así, que si quieren pasar un buen rato, ya saben: Sindicatos ¿para qué? de Federico Hayek.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 4 de febrero de 2010

El fracaso de nuestro modelo laboral

El Gobierno sigue sin defraudarnos. Publica una cifra de parados de poco más de 4 millones de la que ha descontado aquellos que están recibiendo formación o cobran otro tipo de subsidios como el PER, con los que la broma se dispara hasta los 4,3 millones. De esta política de eliminar desempleados porque les falta formación ya les he avisado en ocasiones anteriores. Esta práctica se disparará en el futuro. Llegaremos al absurdo de tener que pasar exámenes que demuestren, a juicio de las autoridades, que tenemos la capacitación mínima para trabajar, para poder inscribirnos en las oficinas del Instituto Nacional de Empleo.

Pero vamos a las declaraciones del Ministro del Paro: "un país que deposita su suerte en la generación de 30 a 50 años va al fracaso”. El problema no es que hayamos depositado nuestra suerte en esa generación, sino que no nos ha quedado más remedio porque había poco trabajo. Es cierto, que se podría haber hecho de otro modo que repartiera los puestos de trabajo desde la edad de 20 o 25 años, dependiendo del grado de formación, hasta los 60 o 65, pero en tal caso las estadísticas de desempleo serían mucho peores. Vamos, que los políticos han estado mintiéndonos y mintiéndose alargando los periodos de formación de los jóvenes más allá de lo necesario en muchos casos, o con figuras extrañas como las prejubilaciones. No es que vayamos al fracaso, señor ministro, es que estamos en el fracaso del modelo laboral que usted se niega a cambiar. Modelo que ha permitido una confortabilidad moral a la clase dirigente durante los últimos treinta años. Del fracaso se sale cuando se acepta, no cuando se niega.

El alargamiento de los periodos de formación de la juventud más allá de lo necesario es, también, el fracaso de nuestro sistema educativo: la misma formación repartida en más tiempo elimina la tensión que es necesaria para que los conocimientos queden impresos en el alma del estudiante, y le desanima porque parece que la vida adulta nunca llega.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La reforma de las pensiones

Ya sabía yo que el Gobierno no me iba a defraudar. Recordarán (y lo pueden leer si quieren) que el lunes hablé bien de él a propósito de la ampliación de la edad de jubilación. Pues bien, me precipité. Algunos dirán que lo hice aposta para cargarme de argumentos y atizarle ahora más fuerte. Pues no señores, no es así. No es mi forma de actuar, pero podría serlo si fuera presidente del Congreso y expresidente de Comunidad Autónoma. Actué de buena fe, porque no me cabe duda de que la reforma de las pensiones requiere, entre otras cosas, un alargamiento de la vida laboral. Y es que, como ha dicho la ministra de Economía, la demografía en España no es la de hace veinte años. Claro, porque entre otras cosas se han promovido desde el poder políticas antinatalistas.

Pero vamos al tema. Ahora el Gobierno dice que lo del alargamiento está sujeto a debate, y como los líderes de las organizaciones de liberados sindicales ya han dicho que les parece mal, pues esta puede ser otra reforma interrumpida voluntariamente por el Ejecutivo. La reforma de las pensiones requiere un alargamiento de la vida laboral, puesto que la vida natural se ha alargado; requiere que se tomen en consideración todas las cotizaciones que ha hecho el individuo a lo largo de su vida, para que tenga incentivos en todo momento -y no al comienzo o al final-, a cotizar por lo más que pueda; y requiere que la pensión se asemeje más a un derecho de carácter patrimonial (como ocurre con las privadas) que impida a los gobiernos de turno rebajárnosla como modo de solucionar sus imprevisiones.

Esto, como poco. Porque podríamos ir a un programa de máximos y exigirle al Gobierno que entregue a la gestora que nosotros elijamos deuda pública por el importe de nuestras aportaciones pasadas, y que saque para siempre sus sucias manos de nuestras pensiones. Entre medias, podríamos ir a un procedimiento de pensión mínima para todos, traslado a gestoras privadas de los excesos sobre el mínimo aportado hasta la fecha y, a partir de aquí, el que quiera más que aporte más, pero de nuevo: menos Estado y más responsabilidad de los individuos. Eso sería quitar importancia a los políticos, que para una inmensa parte de la población se han convertido en los individuos que pueden arreglar tu vida. Claro que sólo la material y, además, es falso. Son los individuos que pueden hundirla. Sólo eso.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 2 de febrero de 2010

Los políticos y las cajas de ahorros

Pues como ayer hablé bien de este Gobierno, hoy, para equilibrar, lo voy a hacer mal de la oposición. La cuarta entidad financiera de España, una caja de ahorros con sede en la capital de la Nación, nos ha estado dando durante el último año un lamentable espectáculo de intromisión de los políticos en su gestión. Esto es más criticable en el partido que lo ha hecho por dos motivos: uno, porque se ha puesto a la altura del que nos gobierna, y esa altura es francamente baja. Dos, porque uno espera algo de coherencia del menos intervencionista de los dos partidos mayoritarios. Sin embargo, en esto del intervencionismo de las cajas estamos rodeados.

Ahora, vayan ustedes viendo los nombramientos de vicepresidentes que se han sucedido en la susodicha caja: uno por partido, y ha habido para todos. Suerte que en Madrid sólo tenemos tres partidos con representación. Así que no sé si esperar a que esto cambie y aparezcan nuevos partidos por ver si cambian las cosas, o mejor quedarnos así, no vaya a ser que se repartan más vicepresidencias. A lo mejor, hasta debería promover yo un partido para colocarme. No sé. Estoy hecho un mar de dudas. La verdad es que esto no es nuevo, pero no deja de escandalizarme que se mantenga la situación, y que el cambio de presidente no sirva para nada. Y me escandaliza el comportamiento de la oposición, porque tras esto se queda sin argumentos frente al Gobierno, y los votantes casi sin alternativas.

La verdad es que nuestro modelo económico, tan necesitado de cambio según los expertos y los políticos también, es difícil que lo haga con esta clase política que se asemeja mucho más a un grupo de corsarios, con su correspondiente patente, que a un regimiento de regulares sujetos a las leyes de la guerra. Al final, ya saben ustedes cómo acaban estas pandillas de hombres armados sin respeto al derecho ni a las buenas costumbres: terminan entrando en su casa y arramblando con todo lo que encuentran. Les parece que exagero: miren ustedes a algunos sitios de Sudamérica y comprenderán de qué hablo.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 1 de febrero de 2010

La incertidumbre de las pensiones

No seré yo quien critique al Gobierno por retrasar la edad de jubilación. Nos guste o no es una medida necesaria. No podemos pensar que vivimos en los años 70, cuando los jubilados apenas cobraban sus pensiones durante media docena de años después de haber trabajado, en muchos casos, casi cincuenta, y en todos, más de cuarenta. Ahora, comenzando a trabajar no antes de los 25, pretendíamos cotizar unos treinta y cinco años y cobrar pensión durante veinte o más. Eso, señores, no es posible, salvo con cotizaciones muy elevadas o pensiones muy bajas. Otra cosa es que usted se sienta estafado porque los gobiernos de turno vienen cambiando las reglas de juego de su pensión a mitad de partido cada pocos años, con lo que usted no tiene seguridad de lo que finalmente le va a corresponder.

Y es que usted se siente estafado porque los gobiernos le estafan. El método de reparto que se utiliza para establecer nuestras pensiones públicas es exactamente el método Ponzi, por el que el susodicho señor Ponzi pasó una temporada en prisión: el pago a los primeros que entran en el sistema se realiza con las aportaciones de los últimos. Un sistema de estas características sólo puede mantenerse con incrementos continuos de la población, mayores cuanto más años y más importe se aspira a cobrar. Esto no ocurre en un sistema privado, y no ocurre porque el Estado le exige que se definan bien los derechos de propiedad de los partícipes, si no quieren los gestores privados vérselas con el Código Penal. De este modo, en el sistema privado, usted puede ver a cuánto ascienden el valor de las aportaciones que ha realizado en cada momento, lo que se denomina sistema de capitalización, y planificarse en función de sus aspiraciones y posibilidades.

En el sistema público, esto no es posible: usted no está seguro nunca de lo que le va a quedar al final, lo que incentiva en muchos casos a escatimar aportaciones a favor de la previsión privada. Los gestores públicos de las pensiones no tienen ninguna responsabilidad por sus actos más allá de perder las elecciones, por lo que siempre prefieren mentirnos que enfrentarnos a la realidad. Así que para una vez que nos dicen algo razonable, aunque sea duro, aceptémoslo, pero comencemos también a exigir gente más responsable al frente de nuestras pensiones.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 27 de enero de 2010

El tamaño importa

Move your Money o, en español, traslada tu dinero, es una interesante campaña ciudadana que ha surgido en los Estados Unidos y que, por las reacciones que ha suscitado, muestra muy a las claras las profundas imbricaciones que existen en los Estados Unidos entre el poder político y el de la gran banca. En nuestro país, entre el poder político y las cajas primero, y los bancos después.

Move your Money recomienda a los ciudadanos norteamericanos que retiren sus saldos de los grandes bancos, beneficiarios de la ayuda pública, y se los lleven a los pequeños bancos locales que, consideran, no se dedican a extrañas inversiones, primero con la liquidez abundante de la FED y, después, cuando la FED les retira la liquidez, con las ayudas públicas de la misma. El secretario del Tesoro norteamericano, sr.Geithner, ha reconocido que la gente es libre de hacer lo que quiera con su dinero, pero que no le parece buena idea. ¡Claro que no le gusta la idea! porque de continuar el traspaso de saldos a favor de la banca local, al final tendrán que inyectar más liquidez en la gran banca.

Esta crisis ha puesto a la luz una de las grandes contradicciones de la actuación de las autoridades financieras en los últimos años. En general, estas autoridades, también en España, han sido poco partidarias de las entidades bancarias pequeñas a las que acusaban de débiles. Así, las autoridades tuvieron en el pasado un comportamiento asimétrico: no dudaron en aplicar las reglas de mercado a las pequeñas y las dejaron caer cuando dieron muestras de insolvencia, mientras que sostuvieron las grandes (aplicando el viejo dicho de Too big to fall o demasiado grande para caer, en español). Esto ha provocado que las pequeñas entidades no se permitan errores y sean más seguras que las grandes, al menos en Estados Unidos donde, ahora, al señor Obama, le parece que el tamaño es un problema.

Y lo es, pero porque los bancos muy grandes o las entidades controladas por políticos terminan por tener al poder como rehén. En España, las que tal vez hayan operado con menos miedo a la quiebra, casi porque se consideraban a sí mismas como sector público, han sido las cajas de ahorros, y así están. Pero volvamos al Move to Money y fijémonos en España, en el tamaño de sus entidades bancarias y en las que han generado problemas. Tal vez sea el momento de poner nuestros ojos en las cajas rurales, esas pequeñas entidades de crédito con forma cooperativa, es decir, con dueños, de las que no se escucha que tengan grandes dificultades para poder pasar estos malos tiempos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 26 de enero de 2010

Tenemos una economía dopada

Recordarán que una de las discusiones sobre la crisis que venimos padeciendo era si tenía forma de U (caída, estabilidad y subida), de V (caída y subida), de L (caída y estabilidad) o, incluso, de I latina (caída sin fin). Ahora va el Banco Mundial y nos avisa de que será en W, forma que tampoco se descartó en las discusiones y que supone que tras la recuperación que venimos experimentando, o al menos eso dicen, volveremos a caer. Vamos, que la economía comienza a parecer una montaña rusa. La nueva recesión comenzaría, según dicha organización, durante la segunda mitad del presente año. La caída se explica por la retirada de los estímulos fiscales y monetarios que prevé se producirán.

En el fondo, el Banco Mundial nos está advirtiendo de algo que ya encontramos en el último informe trimestral del Banco de España: que las autoridades no ven claro cuándo van a poder retirar las ayudas que han introducido en el sistema, pero son conscientes de que habrá que retirarlas porque lo que tenemos no es una economía sana sino una economía dopada. Otro escenario que parece no contemplar el Banco Mundial es que las ayudas se mantengan, lo que nos llevará a una situación similar a la de la economía japonesa, que lleva veinticinco años sin levantar cabeza.

Las medidas de apoyo público no son solución, sino volver a la situación previa a la crisis y que no puede mantenerse ad infinitum introduciendo cada vez más apoyos públicos. Estos apoyos sólo pueden llevarnos a una cada vez mayor concentración de los poderes públicos y económicos que tendrán dos consecuencias: una económica y otra política. La económica será que se reducirá la eficiencia de los sectores intervenidos, lo que irá en detrimento de los consumidores. La política, que se reducirán las libertades públicas en general. Recuerden que sólo los empresarios de menor tamaño creen en la competencia, los de mayor tamaño sólo creen en las barreras de acceso al mercado entre las que se encuentra la definición de un tamaño mínimo para operar en los mismos y su establecimiento por ley. Ellos ya tienen ese tamaño mínimo y lo mantienen con las ayudas públicas en todas sus formas.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno

lunes, 25 de enero de 2010

La prima de riesgo española

Ya han oído ustedes que la prima de riesgo de la deuda española se ha disparado como consecuencia de las incertidumbres que tienen los inversores sobre nuestras finanzas públicas. Los últimos datos hablan de 62 puntos básicos respecto de la deuda pública alemana. ¿Esto qué significa? Pues que nuestro Tesoro tiene que pagar un 0,62% más de interés anual a los inversores que deciden suscribir o invertir en bonos públicos españoles de lo que paga el Tesoro alemán a los inversores que lo hacen en bonos de dicha nacionalidad. A finales de 2005 no había tal diferencia, y aunque en las últimas semanas ha subido algo, también es justo decir que hace diez meses la diferencia era mucho más alta: unos 120 puntos básicos.

Pero volvamos al tema: un 0,62% anual no es una broma. Son más de 2.200 millones de euros anuales que nos cuesta la desconfianza que genera la gestión que de nuestras finanzas públicas hace el Gobierno, o lo que es lo mismo, unos 70 euros por español y año; unos 280 euros por familia. Así, ya sabe que 200 de los euros que paga su familia al Gobierno en forma de impuestos no van sino a tapar su impericia. Esos 280 euros van a calmar la desconfianza de los inversores sobre la deuda pública que emite España. A esa cantidad sume otros 25 euros por español y año, o 100 euros por familia, para el sobrecoste de la deuda pública de los ayuntamientos y comunidades autónomas.

Y lo que es más sorprendente, no sólo pagamos más que los alemanes, sino que también pagamos más que los italianos (7 puntos básicos) cuando la calificación de su deuda es peor que la española, lo que sólo puede explicarse por una desconfianza muy acusada hacia el equipo económico el Gobierno. Sin embargo, el efecto de esa prima de riesgo no se circunscribe a las cantidades que les he dicho sino que afecta, como es lógico, a todas nuestras empresas, puesto que los mercados, al deudor al que menos cobran es al Estado y el tipo que aplican a las compañías privadas siempre es superior a éste. Así que fíjense la importancia que tiene ese 0,62% y las actuaciones de nuestras autoridades económicas.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 22 de enero de 2010

Ética de la especulación financiera

Pues estamos en viernes, el día que nos vamos a la librería. Esta semana les voy a recomendar un libro de un autor español, ya que vienen quejándose de que recomiendo mucho alemán y mucho austriaco. El libro, además, muestra que la especulación financiera no es sólo legal sino, lo que es más importante, moral. El autor es Eduardo Camino y el libro se denomina Ética de la especulación financiera. El título me reconocerán que es, cuando menos, provocador o sugerente, especialmente en determinados ámbitos que pensarán que será todo lo corto que cabe de algo que es obvio para ellos. Pues bien, el libro es corto y está escrito por un doctor en teología que trabajó muchos años en los mercados financieros como broker, lo que le da mucha reflexión a lo que normalmente sólo es una práctica.

Ética de la especulación financiera nos muestra las funciones que, en una economía, desarrollan los especuladores otorgando liquidez al mercado a cambio de un riesgo que, lógicamente, intentan que les sea remunerado. Además, muestra por qué a las autoridades les gustan tan poco los especuladores y por qué demonizan su figura y les achacan todos los males: los especuladores suelen dejar a la vista los errores de dichas autoridades como, por ejemplo, cuando se enriquecen explotando la subida de la prima de riesgo de la deuda española, que no es sino el reflejo de la equivocada política fiscal de nuestro Gobierno.

La intervención pública -y esto lo añado yo- suele provocar ineficiencias que la especulación aprovecha enriqueciéndose y forzando, en ocasiones, a que sean corregidas. A más intervenciones, más oportunidades. Imaginen las posibilidades que ha creado la devaluación del bolivar en Venezuela. Esto es tan verdad, que en ocasiones la especulación goza del favor privado de los políticos que la aprovechan en su favor. Poca ética hay en estas actuaciones, pero la especulación en estos casos no es la causa, sino la consecuencia de una política errónea primero, y corrupta después. Pero de ésta no les hablará el Dr. Camino en su libro Ética de la especulación financiera.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 21 de enero de 2010

El fallo es la regulación

Deberíamos recuperar aquella sección del profesor Rodríguez Braun en la que se comentaba la tontería económica de la semana, pero creo que no daríamos abasto sólo atendiendo lo que dicen los dirigentes de los sindicatos mayoritarios. La última es del señor Méndez cuando solicita una subida de los salarios del 2% con tasas de inflación menores del 1%, y cuando el año pasado el coste salarial tuvo una subida de alrededor del 5%, con una tasa de paro cercana al 18%, y subiendo, de acuerdo con los últimos datos del INE.

Claro que la culpa no es sólo de los sindicatos, sino también de la patronal cuando acepta el sistema de negociación colectiva, por el que unas organizaciones de escasa representatividad en los dos ámbitos, el de la patronal y el de los trabajadores, negocian las condiciones laborales de amplios sectores de la población. La negociación colectiva es uno de los errores de diseño de nuestra Constitución que, en lo económico, quiere defender la libertad de mercado y la planificación central de la economía, que son objetivos incompatibles. Es más, la planificación central de la economía es incompatible con las libertades públicas en general.

Los gobiernos, mediante la subvención de las organizaciones empresariales y sindicales, a las que atribuyen la representación de unos intereses individuales que no se les han conferido, se aseguran no la paz social, como se afirma, sino el dirigismo social. En la actual crisis se ha echado mucho la culpa a la falta de regulación del mercado, cuando los sectores que más han fallado son, precisamente, los más regulados. El mercado de trabajo, que en España lleva fallando estrepitosamente desde hace más de treinta años, no se ha escapado a esa regla, sino todo lo contrario, porque está muy regulado.

Cualquier profesional sabe que lo que le defiende no es la regulación, sino la abundancia de oportunidades, y en España no hay muchas, especialmente para los más jóvenes que soportan un paro del 44%. La emigración ha sido la válvula de escape para un mercado superregulado en la época de crecimiento, donde el paro apenas bajó del 10% y, sin embargo, hubo necesidad de importar mano de obra. Ahora que pintan bastos saltan las costuras de la pretendida paz que nos procuraban los agentes sociales.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 20 de enero de 2010

La hucha de los bancos

Les he contado en dos ocasiones en los últimos días -al hilo de la actualidad de los beneficios de la FED y de la tasa Obama- el paradójico efecto que se ha venido produciendo en el sistema bancario de los Estados Unidos. Efecto por el que la Reserva Federal da liquidez a la banca privada para evitar las tensiones que caracterizaron a la fase más aguda de la crisis, y que ésta deposita un importante volumen de dicha liquidez en la FED y, lo que no deja de sorprender, a un tipo menor al que la tomó. Es decir: que los bancos se endeudan con su banco central a un tipo, y luego depositan dicho dinero a un tipo menor en el propio banco central. Dicho de otro modo: los banqueros perdiendo dinero.

Ahora resulta que en el sistema bancario europeo viene pasando lo mismo, como algunos ya sospechábamos. El Banco Central Europeo recibió la semana pasada el mayor volumen de depósitos desde julio. Volumen que ascendió a más de 237.000 millones de euros, casi 40 billones de las antiguas pesetas que diría algún ministro de Fomento refiriéndose a los salarios de los controladores aéreos. Lo que llama la atención al lego en estas materias son, insisto, las condiciones en que se produce este juego. Los bancos se endeudan con el Banco Central Europeo al 1% y depositan una parte muy importante de los fondos obtenidos al 0,25%, perdiendo en términos anuales un 0,75% o, de mantenerse los importes, unos 1.800 millones de euros en un año. Así, que esperaremos a la publicación de beneficios del Banco Central Europeo para poder constatar, como en el caso de la FED, que los grandes beneficiarios de la crisis son los bancos centrales. Precisamente los que la han creado.

Pero la noticia, además de llamativa, es preocupante por lo que nos muestra: que los bancos privados siguen sin atreverse a prestar, y eso es un mal indicativo sobre cómo van las cosas. Lo positivo de la noticia es constatar que algunos banqueros han aprendido la lección: por mucha liquidez que ponga a tu disposición el banco central, hay que medir bien la capacidad de los que te solicitan crédito, no vaya a ser que no lo recuperes y luego tenga que ayudarte algún banco central.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 19 de enero de 2010

Una solución: atizar al banquero

El miércoles pasado les conté que la Reserva Federal de los Estados Unidos, conocida como la FED, había ganado en 2009 la friolera de 46.000 millones de dólares, un 45% más que en 2008, como consecuencia de la asunción del papel de banquero privado por parte de esta institución durante la crisis financiera. La crisis financiera que había provocado la propia FED, como ha demostrado el profesor Taylor de la Universidad de Standford, y que desplazó a la banca privada del ejercicio de su función por miedo a la morosidad. Posteriormente, las autoridades decidieron ayudar al sector, cosa que en esta columna se ha criticado siempre, para evitar –dijeron- su caída.

Estas ayudas suponen en parte un reconocimiento de la culpa de la propia FED en el diseño de una política monetaria equivocada. Los banqueros también tuvieron su culpa porque, borrachos de la liquidez que puso la FED a su disposición durante la última etapa de auge económico se metieron, como se dice vulgarmente, en todo. Y ahora llega el anfitrión de la familia Adams y quiere crear una tasa que grave a los bancos que, por cierto, ya han devuelto casi la totalidad de las ayudas recibidas.

Esto lo hace el señor Obama con un discurso más digno de Chávez que de la presidencia de los Estados Unidos, escandalizándose porque los bancos vuelvan a ganar dinero y a pagar bonos a sus directivos. Ya no sabe uno si quiere que los bancos ganen dinero, paguen impuestos y devuelvan sus ayudas, o prefiere que vuelvan a estar en situación delicada.

El impuesto que se pretende imponer a la banca norteamericana rezuma el prejuicio típico hacia la actividad financiera de muchos políticos. Se desconfía de la actividad financiera como si fuera casi inmoral y, por ello, se justifica que pague más. Ya lo hace cuando gana más, pero no entiendo la razón para que pague más incluso teniendo menos beneficios, que será el primer efecto de la tasa.

Las actividades económicas inmorales se prohíben, pero no se permiten a cambio de un tipo impositivo mayor. Pero claro, siempre es bueno atizar al banquero cuando las encuestas no van como uno esperaba.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 18 de enero de 2010

El coste de la deuda pública

Moody´s -esa agencia de calificación de crédito con nombre de lugar de moda o de mafioso de Chicago- ha vuelto a dar un disgusto a nuestro Gobierno. No porque lo que dice fuera desconocido por éste, sino porque lo ha publicado. El Tesoro Público, ha informado la agencia, necesitará emitir durante 2010 algo más de 210.000 millones de euros de deuda, o 35 billones de las antiguas pesetas, como le gusta decir al Ministro Señor Blanco. Esto es el doble que en 2008 y el cuádruple que en 2007. ¿Qué podemos esperar de una emisión tan fuerte de deuda pública? Pues una subida de los tipos de interés que, en términos reales, han subido mucho en los últimos dos años. Recuerden que el año 2009 se ha cerrado con una inflación del 0,8% y un tipo de interés nominal de la deuda pública a diez años del 3,9%.

Es decir, hacemos una sencilla resta y ya sabemos cuál es el tipo de interés real -que es en el que nos tenemos que fijar-, y que nos dice lo que nos cuesta la deuda pública: el 3,1%. ¿Y qué es lo relevante de este dato? Pues que ha crecido alarmantemente. Hace un año era del 2,5%, hace dos años era del 0%, y hace tres del 1,4%, igual que hace seis años, que es lo que lleva casi ya el usufructuario actual de La Moncloa. Es decir, el tipo de interés real que nos cuesta la deuda pública ha pasado del 1,4% al 3,1% en los últimos seis años, lo que supone un incremento del precio de la carga financiera del 250%, y subiendo, que diría el castizo. El problema es que ese tipo de interés real de la deuda pública a largo plazo es el relevante para las decisiones de inversión de los empresarios, porque es el que sirve de base para fijar los precios que ellos pagan por su financiación y que siempre serán, como es lógico, peores que los del Estado.

Así, cuanto mayor sea este tipo de interés, la inversión empresarial será menor y lo que necesitamos para la crisis es, entre otras cosas, que los empresarios inviertan. No pidan por ello, sin embargo, la vuelta a la política de dinero fácil del Banco Central Europeo. Recuerden el dato que les he dado: en diciembre de 2007 el tipo que comentamos era cero o ligeramente negativo, lo que generó la crisis actual por sobreinversión. Lo que necesitamos son cuentas públicas saneadas y bancos centrales que no jueguen con la cantidad de dinero en circulación.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 15 de enero de 2010

Ecología de Mercado

Hoy es viernes y nos toca hablar de libros. El ecologismo lleva de moda muchos años, pero periódicamente ataca con nuevas fuerzas, y ahora lo hace con el tema del calentamiento global del planeta que, tras la última ola de frío, ya les anuncio yo que llegará para el 21 de marzo más o menos. El texto que les recomiendo se titula Ecología de Mercado, de los profesores Anderson y Leal. Algunos dirán que qué tiene que ver la ecología con el mercado o con la economía. Con esta última, muchísimo, comenzando por el griego Oikos, que hace que las dos disciplinas comiencen con la misma raíz. Con el mercado, también.

El libro de los profesores Anderson y Leal demuestra que muchos de los problemas medioambientales que padecemos provienen de la intervención pública que, entre otras cosas, define mal los derechos de propiedad del entorno natural, y establece incentivos en defensa del mismo, que terminan por ser perversos. Una buena definición de dichos derechos evitaría la devastación de los bienes naturales, y la acción de los mecanismos de mercado aseguraría un sistema de incentivos tendentes a su conservación. Es, además, un texto optimista con el crecimiento económico, a diferencia de las posturas ecoprogresistas, que afirma que dicho crecimiento no es incompatible con la preservación del medio ambiente.

Fíjense ustedes que los medios naturales más devastados por el hombre en Europa se hallan, y no debe ser casualidad, al otro lado del antiguo telón de acero. La mitad de Alemania que caía bajo el control soviético presenta en la actualidad un deterioro natural mucho mayor que la parte que se integraba en el mundo libre. No será tampoco casualidad. En general, los progresistas son eso, poco amigos del progreso, como los comunistas lo eran poco del bien común. Así que, ya saben, si quieren sacudirse prejuicios ideológicos teñidos de verde, lean el libro de Anderson y Leal: Ecología de Mercado.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 14 de enero de 2010

Cuidado con el totalitarismo del acreedor único

Más de 46.000 millones de dólares ganó la Reserva Federal -el banco central de los Estados Unidos- en el ejercicio 2009. A algunos esto les parece paradójico estando el sector financiero como está, pero era, sin embargo, de esperar. Vamos a ver por qué.

Ya les he contado en otros artículos que, para pasar el trago de la crisis financiera que se desató en el tercer trimestre de 2008, los bancos centrales acudieron a la política de aumentar la liquidez en los mercados, esperando que los bancos privados la hicieran llegar a las empresas. En el caso concreto de la Reserva Federal, la FED, esto se ha manifestado en un incremento casi por tres del tamaño de su balance, o lo que es lo mismo, en el importe de la liquidez puesta a disposición del mercado.

Sin embargo, como muchas veces comentó sorprendido el presidente de la FED, el señor Bernanke, los bancos privados tomaban los fondos y los aplicaban, bien a rescindir sus deudas, o bien a depositarlos en la propia FED. ¿Y por qué actuaban así? Pues porque no querían correr los riesgos de insolvencia propios de su actividad y que en esos momentos aparecían como muy elevados. Consecuencia: la Reserva Federal comenzó a prestar directamente al sector privado. Los tipos cayeron, pero el volumen de crédito de dicha reserva al sector privado aumentó estratosféricamente.

He denunciado que, por este sistema, los bancos centrales iban a convertirse en los únicos financiadores de la economía con los consiguientes peligros, no sólo para la economía, sino para la libertad en general. Con estos hechos, no son sorprendentes los beneficios cosechados por la FED: aunque el tipo de interés haya caído, los ingresos han subido mucho como consecuencia del incremento del volumen prestado. Ahora esperemos a que el Banco Central Europeo publique sus resultados. Ya verán como son magníficos también. Esto ayudará a enjuagar los déficit públicos de los Estados.

Ya ven, ahora los Estados no se financian con impuestos, sino con intereses, pero esto es muy, muy peligroso porque, al margen de los problemas derivados de la manipulación del tipo de interés por debajo del de mercado, siempre es peligroso el monopolio, y especialmente el crediticio. El totalitarismo también se alcanza a través del acreedor único.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 13 de enero de 2010

¿Qué hacemos con los políticos?

Si tienen la oportunidad, escuchen la excelente entrevista que realizó ayer por la tarde en Gestiona Radio, Alejandro Ávila a Ángel Laborda, de la Fundación de Cajas de Ahorros. Todo lo que dijo el señor Laborda fue muy interesante, así como las reflexiones al paso que le hizo el señor Ávila. Pero me quedo con la afirmación del entrevistado de que nuestra suerte no depende de los políticos, y que debemos sobreponernos a esa ideología dominante que nos hace estar pendiente de lo que hace el Gobierno, sin pensar que nuestra suerte económica depende en mucho de nosotros.

Totalmente de acuerdo, pero también de acuerdo con la pregunta que le formuló el señor Ávila: ¿Qué hacemos con los políticos entonces, porque nos cuestan un dinero? El problema se encuentra en que los políticos han difundido la idea de que nuestro bienestar -y no sólo el económico- depende de sus actuaciones, que pueden alcanzarnos el paraíso en la Tierra, por lo que, cuando las cosas no van bien, todo el mundo les exige responsabilidades. Es posible que no sean los responsables de nuestra situación, y les aseguro que tampoco tienen la capacidad para solucionar los problemas de que presumen. Sin embargo, lo que sí tienen es la capacidad de hundir una economía nacional. Así, la elección equivocada de la clase política de una nación puede llevarla a la ruina más absoluta.

Para ejemplo, miren ustedes estos días las noticias que nos vienen de Venezuela y Argentina. Venezuela, que en los años 60 fue un destino de la emigración española, el otro día devaluó el peso en un 50% hasta fijarlo en un cambio igual a 4,3 pesos el dólar. Esto supone que el peso se ha devaluado en torno a un 63% durante los 11 años que lleva gobernando Chaves, y, desde 1961, un 99,999%. Es decir, un venezolano necesita mil veces más pesos ahora para comprar un dólar de los que necesitaba en 1961.

¿Qué decirles de Argentina? La que fuera la cuarta potencia económica mundial en los años treinta, tiene actualmente un lío judicial en dos frentes: primero, en Buenos Aires, donde un tribunal ha repuesto en su cargo al destituido presidente de su banco central tras la destitución dictada por la señora Kirchner y, segundo, en Nueva York, donde un juez ha embargado fondos del gobierno argentino para hacer frente a bonos emitidos por éste. Ni la mejor clase política nos hará prosperar, pero una mala seguro que nos arruina. Bastan los ejemplos. Por cierto, ¿saben que el HSBC ha dicho que la calificación de la deuda pública española debiera rebajarse tres niveles?

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 12 de enero de 2010

El problema del mercado laboral

¿A cuánto asciende el paro real en España? No estoy acusando con esto al Gobierno actual de falsear las cifras, aunque las cifras son falsas, porque todos los gobiernos han tendido a retocarlas con ingeniosas definiciones sobre la condición de parado. De las más ingeniosas, la que excluye de la condición a cualquiera que haga un curso en el INEM. Ya les avisé en su momento que llegará el día en que no se considerará parado al que no tenga la titulación mínima exigible, a juicio del Gobierno, para incorporarse al mercado de trabajo, aun cuando esté desempleado.

Esta titulación irá subiéndose, de tal modo que lo que habrá serán aspirantes a parado. La definición de parado es sencilla: cualquiera que ande buscando un empleo, incluso aunque rechace ofertas porque, por los motivos que sea, no le agradan. El rechazo afecta, en todo caso, a otra discusión: la referente a la cobertura social del desempleado.

Pero es que en España no computamos como parados a un grupo excelente de trabajadores muy experimentados que hemos obligado a jubilarse contra su voluntad, como modo de crear empleo para los más jóvenes que, aún así, soportan un 40%. Este grupo, aunque se compute entre los jubilados, no debería sumarse sino entre los parados hasta el momento en que normalmente habrían decidido retirarse. En cualquier caso, no deja de ser un grupo que se mantiene con cargo a los fondos públicos y a los impuestos que va pagando el menguante número de activos que no cobran de las administraciones.

Más maquillajes los tienen ustedes con la explosión de empleo público en las comunidades autónomas y en las administraciones locales, hasta el punto que éstas últimas han comenzado a practicar expedientes de regulación de empleo con la actual crisis. Más maquillajes los tienen ustedes en la educación entendida como forma de remansar a los jóvenes que luego, sin embargo, no encuentran trabajos acordes con su capacitación, con la consiguiente frustración. Porque otra cosa que no ha entendido ningún Gobierno es que la formación no crea empleo, sino que el empleo demanda formación.

El problema del mercado laboral no se ha afrontado en España de manera decidida por ningún Gobierno. Los gobiernos más incapaces no lo han hecho por la imposibilidad de sobreponerse a su ideología. Los más capaces, por incapacidad de sobreponerse a la ideología de su oposición y la de los sindicatos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 11 de enero de 2010

Y el Gobierno dando lecciones... de Economía

Últimamente parece que a la prensa económica inglesa no le gusta mucho nuestro Gobierno ni nuestra situación económica. Comenzó The Economist, primero, con el precio de la vivienda y, posteriormente, con la imposibilidad de que demos consejos o lecciones de nada estando como estamos, aunque ejerzamos como nación la presidencia de turno de la Unión Europea. Financial Times, más duro aún, comenzó llamando “torpe” al usufructuario de la Moncloa el día de Reyes, y acabó este fin de semana señalando nuestras elevadísimas cifras de paro juvenil (el 44%).

Pero, entre medias, el pasado viernes publicaba con asombro en su portada, como noticia más destacada, las declaraciones del usufructuario a favor de un sistema sancionador que obligue a los 27 Estados miembros de la Unión, y muy especialmente a los 16 que comparten como moneda única el euro, a cumplir con los pactos de estabilidad y crecimiento. Y lo publicaba con asombro, porque si bien es verdad que el incumplimiento de los pactos no ha generado hasta la fecha sanción alguna a ningún Estado, no parece que el Gobierno español sea el más interesado para comenzar a pedirlo.

Me van a perdonar la expresión, pero esta petición es poco más o menos que pegarse un tiro en la entrepierna, aun cuando hay que reconocer que algo así es necesario para evitar situaciones como la que se está dando en Grecia, donde el déficit público hace temer por la capacidad de su Estado de hacer frente al pago de su deuda en las condiciones pactadas, y algunos ya comienzan a hablar también de España en el mismo sentido.

Los bonos emitidos por un gobierno en la divisa de su banco central se han considerado tradicionalmente como los activos libres de riesgo de una economía nacional; sin embargo, la unión monetaria europea nos enfrenta al problema de dieciséis emisores de deuda pública con un único banco central, por lo que, para que algunos paguen sus excesos, hay que crear inflación en todos. O echar a algunos, cosa que, como no lo contempla el mecanismo, tal vez lo solucionen yéndose aquellos a los que no les gusta estar con malas compañías. Así, que antes de que nada de esto ocurra, al menos Mister Bean no debería dar lecciones mientras no haga sus deberes, ni convertirse en el inquisidor general de la ortodoxia económica.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 8 de enero de 2010

¿Poder o ley económica?

Es viernes, el primero de que disfrutamos en este blog en las tres semanas que ocupan en España las fiestas en las que celebramos el nacimiento del Hijo de Dios. Ayer me dijeron algunos de ustedes que cargué un poco las tintas contra la institución del Gobierno. Querría aclararles que no soy un libertario o un anarcocapitalista, como los que abundan en el Mises Institute de Auburn, Alabama, cuya página en internet aprovecho para recomendarles. La existencia de un Gobierno es necesaria para el desarrollo de la vida humana en general y de la actividad económica en particular.

Es por eso por lo que hoy les voy a recomendar un librito, apenas ciento treinta páginas en la edición que manejo, del maestro de nuestro ya citado Mises. El maestro, y autor del libro que recomiendo, es Böhm-Bawerk, y el libro se llama ¿Poder o ley económica?, cuya primera edición es de 1914. Como ven, me gustan los libros antiguos. El profesor Böhm-Bawerk, además de un gran maestro con insignes alumnos como el ya citado Schumpeter, fue tres veces ministro de Hacienda del Imperio Austro-Húngaro -ya saben, el de Sissi emperatriz-, y su pensamiento destila todo el refinamiento de aquella corte. La tesis que mantiene en su libro es que la vida económica está sujeta a unas leyes contra las que la acción del hombre no puede ir sin graves consecuencias para su existencia. Algo así como la imposiblidad de que los ingenieros, por ejemplo, desprecien las leyes de la física en general, y la de la gravedad en particular, si pretenden que sus puentes y elevaciones se mantengan en pie. Y éste es el gran error que achaca a los gobernantes e ideólogos de su época, y a los que les han seguido: creer que ellos pueden planificar la vida económica de acuerdo con sus sueños, al margen de la realidad de las leyes que la informan.

Ésta es la explicación de por qué, por ejemplo, la legislación económica es cada vez más abtrusa: los fracasos que se cosechan en política económica por desconocer dichas leyes se pretenden solucionar con nuevas normas gubernamentales que siguen olvidándolas. Algo así como pretender sostener un puente que se cae porque no respeta la ley de la gravedad, con una estructura superpuesta que tampoco la respeta. Ya saben, pues: a la librería a por ¿Poder o ley económica?, de Böhm-Bawerk.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 7 de enero de 2010

Devolver el protagonismo económico a los individuos

Está claro que es compatible atacar al Gobierno con la bondad. La mejor prueba son mis zapatos ayer, tras el paso de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente: nunca había recibido yo tantos regalos a pesar de mis fuertes ataques a la institución del gobierno, en general, y a nuestro actual Gobierno, en particular. Está claro que los Reyes Magos no han considerado como falta mía dichos ataques. Pero no soy el único que se mete con nuestro Gobierno, y ayer mismo, como regalo de reyes, Financial Times se despachaba con un artículo cuyo titular ya es un buen trozo de carbón para el usufructuario de La Moncloa: “Una España torpe guiará Europa”.

Me duele el titular, porque lo que es torpe no es España sino el que la guía, que ahora, para colmo, pretende también guiar Europa, pero claro: de los señores con los que nos hemos estado batiendo durante siglos en todos los mares del mundo, no podíamos esperar que tuvieran la misericordia de distinguir entre gobernantes y gobernados, tratándose de españoles todos. El periódico inglés incide en algo que los sufridos mártires del electorado español sabemos: que la economía, y por ende los verdaderos problemas que nos aquejan en nuestra vida diaria, le importan poco al usufructuario, que basa su agenda política siempre en problemas que se inventa para luego ni siquiera resolver.

Esta actitud, que llega al paroxismo en nuestro actual Gobierno, es, sin embargo, más corriente de lo que creemos en toda nuestra clase política (y aquí incluye a toda la que gobierna Occidente o la Cristiandad, como deseen llamar a nuestra civilización). Es muy corriente, porque la progresía no se atreve a reivindicar la planificación central en economía y el fin de la propiedad privada en alta voz, ni a decir que conocen la solución a los problemas económicos, después del fracaso de los países de Europa del Este. Sin embargo, eso no les impide querer alcanzar los mismos fines pero de manera menos cruenta: achacando todos los males de lo que nos pasa a la libertad y responsabilidad individual, y a la falta de medios de que disponen para entregarnos la tierra prometida.

La gran reforma económica, la reforma estructural que necesitamos, pasa por devolver el protagonismo de las decisiones económicas a los individuos, y quitarle dicho protagonismo a los Estados. Dentro de seis meses, Europa estará peor que ahora. Lo estaría aunque no la dirigiese nuestro español discutido y discutible, pero lo que sí es verdad es que no lo estaría tanto.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 5 de enero de 2010

Sociedades de garantía recíproca

Últimamente se habla mucho de las fusiones de cajas de ahorros y en concreto de ese modo de fusión, vamos a calificarlo de impropia, que es la constitución entre dos o más entidades de un sistema integral de protección, conocido por sus siglas SIP. Un SIP es el modo que han encontrado los políticos para fusionar las cajas de ahorros sin hacer desaparecer la personalidad jurídica de cada una de ellas como modo de evitarse el problema que más temen en una fusión clásica: la pérdida del control de la caja que les tocó en las últimas elecciones. No voy a entrar en la crítica de las fusiones como modo de solucionar problemas empresariales -como he hecho en ocasiones anteriores-, sino que voy a criticar el nuevo mecanismo: el SIP.

El SIP no es sino un acuerdo entre varias entidades financieras por el que se avalan mutuamente todas sus operaciones, de tal modo que todas las que se unen al sistema salen fiadoras de todas las operaciones de cada una de ellas. Algo así como si usted y su cuñado se avalan mutua y universalmente el uno al otro. A partir de aquí saquen ustedes las conclusiones que quieran, pero se equivocarán poco. Yo les voy a hablar de un invento parecido que para promocionar las PYMES ha funcionado, pero gracias al apoyo de las Comunidades Autónomas, lo que demuestra que sin dinero público no habría funcionado o, lo que es lo mismo, que es un invento antieconómico: las sociedades de garantía recíproca.

Se trata de sociedades en las que los socios tienen derecho a solicitar para sus operaciones de financiación un aval de la sociedad, por lo que sólo tienen incentivo a asociarse a las mismas las compañías en peor situación. Es por esto que han funcionado en tanto una administración pública ha puesto dinero, o no se han dado casi avales. Ahora piensen en sus cuñados y piensen si están dispuestos a firmar un SIP con todos ellos, y si lo firman con algunos ¿cuál es el comportamiento que cabría esperar? Pues claramente hay que endeudarse antes de que lo haga él o, como dice el dicho castellano, tonto el último.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 4 de enero de 2010

Restaurar la responsabilidad

Pues ya estamos en el 2010, año que las agencias gubernamentales y multilaterales dedicadas al estudio de la Economía, pronostican como de recuperación en general, pero no así para España. Tampoco hagan mucho caso, porque los pronosticadores en Economía, como dice nuestro Gobierno, se equivocan mucho, aunque tal vez habría que recordarle que menos que él.

Sin embargo, no quería hablarles de esto, sino del síntoma de esperanza que, para Occidente, puede ser la actitud del electorado de Islandia, esa pequeña y fría isla donde apenas viven 320.000 almas. Recordarán que este país sufrió hace apenas veinte meses una crisis de su sistema bancario sin parangón en el resto de Occidente, que llevó incluso al Estado islandés a la bancarrota. Pues bien, la semana pasada su parlamento aprobó por 33 votos contra 30 un paquete de ayudas para que la banca nacional pueda hacer frente a sus acreedores extranjeros, y contra este plan ha firmado una cuarta parte del electorado, que se niegan a hacer frente al error de sus banqueros privados, incluso si, como parece, han actuado como correas de transmisión del banco central islandés.

Esta contestación ha sido posible, tal vez, porque en un país pequeño la gente es capaz de comprender que la deuda pública la tiene que pagar ellos. En concreto, los islandeses asumen, si el plan va para adelante, 12.000 euros de deuda por individuo, por lo que los firmantes han dicho que deben ser los acreedores de los bancos -básicamente ingleses y holandeses- los que asuman el error en su decisión al seleccionar sus inversiones.

Espero que los abajofirmantes islandeses consigan revocar la decisión de su parlamento y que este ejemplo cunda en Occidente, porque así se restaurará la responsabilidad, cuya ruptura es el problema del sistema económico con el que nos hemos dotado. Si siempre va a haber un conjunto de contribuyentes para reponer las pérdidas que pueda experimentar un inversor, y un inversor somos ustedes y yo cuando contratamos, por ejemplo, un fondo de inversión, volveremos a repetir esta crisis en breve pero a lo grande. Los vikingos pueden estar actuando con frialdad, pero llevan razón: sus bancos y, tal vez su banco central, así como los acreedores de éstos, deben asumir sus errores y el infortunio. Este es el verdadero camino de la recuperación.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Socialismo

Hoy no es viernes, pero aún así les envío a la librería, pues la semana pasada no tuvimos viernes, ni lo volveremos a tener en ésta. Además, es posible que algunos de ustedes, con un par de días que tengan guardados por ahí, puedan alcanzar hasta el día 7 sin reincorporarse a sus obligaciones, lo que les permitirá hacer frente a un texto para el que les anuncié que se preparasen estas Navidades, pues requiere un rato un poco largo.

Se trata de Socialismo, de Mises, que constituye la segunda recomendación que hago de este autor. El libro es un clásico publicado por primera vez en 1922, que tiene un gran mérito: demostrar científicamente la imposibilidad del socialismo o, lo que es lo mismo, de cualquier construcción social al margen del mecanismo de mercado. Mises anticipó hace casi 90 años que el sistema socialista se colapsaría, como así ocurrió hace veinte años, ante la imposibilidad de solucionar los problemas de asignación de recursos, propios de cualquier economía, dada la ausencia de precios libres que permitan el cálculo económico y la contabilidad.

Ya sé que los amigos de la tercera vía entre la sociedad libre y el intervencionismo -que siempre acaba siendo intervencionismo por la misma razón que el producto de un número positivo por otro negativo siempre da uno negativo- nos dirán que, si algo ha demostrado esta crisis es el fracaso del mercado. Pues no, señores, lo que ha demostrado esta crisis es que los sectores que han fallado son, fundamentalmente, los intervenidos y regulados, como es la industria financiera, y los que menos problemas nos han dado son los sometidos a la competencia más feroz: la electrónica de consumo y la informática son buenos ejemplos. Además, los ejemplos escogidos son buenos porque el grado de satisfacción del público con los fabricantes citados no tiene nada ver con el que tenemos de los banqueros, que han operado como franquicias del sector financiero.

El verdadero problema de la crisis ha consistido en no permitir que el mercado desplegase -ya lo he dicho muchas otras veces- su disciplina implacable, empleando para ello la ayuda pública para ocultar los errores de los bancos centrales. Pero bueno, lean a Mises y lean la obra que de él recomiendo esta semana: Socialismo, y luego entenderán por qué los Reyes Magos funcionan tan bien después de dos mil años: dependen de la iniciativa privada. Por último, no les voy a decir, como mi admirado profesor Iranzo: “Feliz 2012”, porque, si se contagian del optimismo de Mises, ustedes podrán hacer mucho por ustedes mismos desde ahora. No esperen al Estado. Feliz 2010.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 29 de diciembre de 2009

Que lo paguen nuestros herederos

Ayer publicó el Ministerio de Economía los datos de la ejecución del presupuesto público. Ayer mismo todos los medios publicaban en internet, y hoy mismo en sus formas escritas, distintas notas basadas básicamente en el propio comunicado del Ministerio, por lo que no les voy a aburrir con las típicas disgresiones sobre caída de los ingresos y aumento de los gastos que explican que el déficit de caja se ha multiplicado por cinco en sólo un año. Les he dicho muchas veces que lo que no es concreto no es verdad, por lo que voy a intentar ser muy, muy concreto.

Todos ustedes entienden muy bien lo que afecta a su bolsillo. La deuda pública es una deuda que debemos todos los españoles, por lo que su incremento es un incremento de lo que cada uno de nosotros debe y que algún día deberemos de pagar. Así, el incremento de la deuda pública que supone el déficit se resume en algo tan sencillo como lo siguiente: cada español debe ahora 360.000 pesetas más de las que debía hace un año, o dicho de otro modo, cada familia, suponiendo cuatro miembros, debe casi millón y medio de pesetas más que hace un año. Nada más. Piénselo ahora un rato. Su familia debe un millón y medio de pesetas más que hace un año.

Hace un año, un español debía por su participación en la deuda pública, más de un millón doscientas mil pesetas lo que, unido al crecimiento del último año, indica que ahora debe más de un millón seiscientas mil, o podemos concluir que para una familia media de cuatro miembros, la deuda asciende a casi seis millones y medio de pesetas. Repito: una familia media española deberá aportar en los próximos años casi seis millones y medio de pesetas -más sus intereses- para hacer frente al endeudamiento de las Administraciones públicas.

Ya sé que los amantes de la frase que más famoso ha hecho a Keynes, a largo plazo todos muertos, me recordarán que las familias tenemos muchos años para pagar esos seis millones y medio de pesetas, y sus intereses, en los que el Estado se ha endeudado en nuestro nombre. También podemos dejarlos sin pagar nosotros a favor de nuestros herederos, pero entonces que no hablen del deber moral de dejar a las generaciones futuras un mundo mejor. Todos deberíamos recordar a Burke cuando afirmaba que, en la democracia, no sólo deben votar los vivos sino también los muertos y, lo que es más importante, los no nacidos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El bombo catalán

Para los amigos de la intervención, el azar nunca ha sido justo; porque responde a esa imagen clásica de la Justicia en la que se la representa como una mujer con los ojos vendados cuando, según ellos, debería tener vendado sólo uno para poder evaluar con el otro lo que ellos entienden como méritos. Uno de los méritos que más suele gustar a los amigos del intervencionismo es el de la territorialidad, que unas veces es la excusa para la discriminación, que adjetivan de positiva, y otras veces para la igualdad más ramplona.

Ahora han sido los amigos de Esquerra Republicana de Cataluña los que han escogido el criterio de la territorialidad para exigir la igualdad de las distintas regiones de España en aras de la Justicia, entendida a su manera. En concreto, han presentado una iniciativa legislativa en las Cortes españolas y en el Parlamento catalán para que se asegure que Cataluña percibe un porcentaje del conjunto de los premios de la Lotería Nacional igual a su participación en el producto interior bruto español, con el fin de que no vuelva a pasar lo del pasado día 22, en el que la Comunidad de Madrid arrambló con el 40% del total de los premios, así como con diez de los catorce primeros, en el sorteo de Navidad.

Para ello, han propuesto la creación del denominado 'bombo catalán', que imaginamos que será cantado en dicho idioma, en todos los sorteos, ya sean por el método tradicional, que se utiliza en el sorteo de Navidad que ha generado la discordia, o el moderno que se utiliza en el resto de los sorteos. En el bombo catalán estarán sólo los números vendidos en Cataluña, de tal modo que se les asegure el porcentaje mínimo antes apuntado, pero junto a dicho bombo, los números también estarán en el bombo nacional, como modo de que si la suerte es más favorable que el criterio de equidistribución, a Cataluña le corresponde esta última proporción. El problema, de acuerdo con una interpelación de Coalición Canaria, se plantea respecto del tratamiento que deben recibir los números adquiridos por no residentes en Cataluña en el resto de España o el de los adquiridos en Cataluña por residentes en el resto de la Nación. Vamos, un lío.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Nos va a tocar la lotería, la de verdad

Pues si no les ha tocado la lotería, ya conocen el viejo refrán castellano: “No hay mejor lotería que el trabajo y la economía”. El refrán tiene más enjundia de lo que parece. Al fin y al cabo, sólo dice que únicamente podemos alcanzar grandes metas en nuestro consumo futuro sacrificando el consumo presente. Esto que es verdad en el nivel macroeconómico, o lo que es lo mismo, para el conjunto social, no tiene por qué cumplirse en el microeconómico, el individual. Así, si alguien necesita adquirir algo para lo que no tiene ahorrado, necesita que otro que sí lo tiene se lo preste. Y esta es la finalidad del sistema financiero, de los bancos y de las cajas. Hay individuos que necesitan hacer adquisiciones en el presente, por ejemplo un empresario, para las que no tienen el ahorro suficiente, que solicitan, bien directamente o bien a través de una entidad financiera, a aquéllos que los tienen.

Hasta aquí todo es correcto. Esto que les explico, para aquéllos que han estudiado economía, se resume en la vieja ecuación de que el ahorro debe ser igual a la inversión. Y así ha sido hasta que llegaron los keynesianos y pensaron que habían descubierto cómo solucionar esta restricción que nos impide comprar todo lo que queremos, y ahora. La solución consiste en que los bancos centrales fabriquen dinero que prestan a los bancos privados, que así no sólo disponen de los fondos que algunos ahorraron, sino de unos más amplios. Así las cosas, ya podemos consumir ahora lo que ni hemos ahorrado nosotros ni ha ahorrado nadie.

Esto ya tendría importancia por sí sólo porque el aumento de la cantidad de dinero provoca inflación, pero es que, además, provoca una desvalorización de los fondos efectivamente ahorrados por algunos, pues lo que es abundante pierde valor. Así se va desincentivando la virtud moral del ahorro, y las autoridades recurren cada vez más a la emisión de dinero. Este es el fondo de la crisis, pero no de la actual -que no es sino un episodio pasajero en una más amplia-, sino que lo es de la crisis más global que sufre Occidente. Pero bueno, olvide esto que no son sino reflexiones de un profesor de Economía, porque mañana por la noche a usted y a mi nos va a tocar la lotería, pero de verdad, cuando nazca el Hijo de Dios.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 22 de diciembre de 2009

El calentamiento global de estos días

Ayer a las cinco y media de la mañana, mientras esperaba el taxi que nunca pudo llevarme al aeropuerto de Barajas, me reconfortaba yo pensando que, al fin y al cabo, el calentamiento global del planeta está próximo y muy probablemente para marzo ya no acontezcan episodios meteorológicos tan desagradables. Es cierto que la pandilla de Copenague está estos días empeñada en evitar el calentamiento global, pero de verdad les digo que me parece que hay empeños más interesantes.

Pero vamos al tema. Ayer escuché muchas críticas a las autoridades pero por una vez, y sin que sirva de precedente, no me parecieron justas. Además, en muchos casos me parecieron incluso peligrosas para nuestra autoestima nacional. La crítica básica era que España no está preparada para una ola de frío como la de ayer, que nuestras autoridades demostraron falta de medios y de diligencia, y que esto no era de recibo en una potencia económica, sino más bien en un país tercermundista. Pues miren, no estoy de acuerdo, y se lo digo yo que fui uno de los grandes afectados ayer: no pude acudir a la firma de dos contratos, y a ver cómo recupero el importe de los billetes de avión.

Ayer, las pérdidas económicas fueron cuantiosas. No se podrían haber evitado todas aunque sí reducido, pero eso sí, incurriendo en una serie de inversiones y gastos que dudo mucho que hubieran compensado, porque no se nos olvide, sucesos como el de ayer ocurren en Madrid, por ejemplo, una o dos veces al año. No podemos exigir al Estado que, para dos días de nieve fuerte, mantenga una estructura ni incurra en unos gastos que superarían en mucho a las pérdidas que ayudarían a evitar. Algunas de las cuales, por cierto, estaban cubiertas por esa magnífica institución privada que es el contrato de seguro. Si no queremos que el Estado, no sólo nos deje helados a impuestos, sino que siga inmiscuyéndose en nuestras vidas, no debemos ni responsabilizarle de todo ni exigirle que nos lo solucione todo.

Algunos me dirán que en Alemania no pasa esto cuando nieva. Es posible, pero es que también es posible que el número de días de nieve justifique la inversión y el gasto que, por otro lado, podría ser siempre confiado a empresas privadas ligadas a las aseguradoras como modo de reducir sus pérdidas en estas ocasiones. Y mantengan la autoestima nacional alta: nosotros llevamos mal la nieve ¿pero han visto ustedes el lamentable espectáculo de los nórdicos en la playa? Pues eso.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La tierra es del viento

Con el tema de la vivienda estamos que no nos aclaramos en España porque, mientras unos aseguran que ya ha tocado suelo y que incluso los precios comienzan de nuevo a repuntar, otros hablan de que aún le queda un recorrido a la baja importante. El problema en España es fruto de la conjunción de tres políticas públicas equivocadas con las que un sector empresarial ha hecho lo que cabe esperar de los empresarios: aprovecharlas para hacer dinero, si bien ahora, por culpa de una de dichas políticas, lo están purgando pero bien, que diría el castizo.

La primera, una política de empleo que anima a trabajadores extranjeros a venir a España, cuando el paro estructural en nuestro país apenas nunca ha bajado del 10%. Trabajadores que necesitan, como es lógico, una vivienda, con lo que se creó la demanda creciente y sostenida durante un buen periodo de tiempo. La segunda, la política que permitió, y permite, a los ayuntamientos controlar la cantidad de un bien, el suelo, en un país europeo con escasa densidad demográfica como es España, política con la que se redujo la oferta en beneficio de dichos ayuntamientos. Finalmente, la tercera política pública equivocada, partió del Banco Central Europeo facilitando la liquidez que a algo había que dedicar y que se dedicó a casar la demanda con la oferta de vivienda a cualquier precio, creando un problema parecido al de los tulipanes en la Holanda del siglo XVI. Pero miren ustedes cómo ahora, el usufructuario de La Moncloa ha hallado la solución en una sola frase, que es todo un programa de acción política: “Tenemos que unir el mundo para salvar la Tierra, nuestra Tierra, donde viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiado ricos, pero la tierra no pertenece a nadie salvo al viento”. Así que los ayuntamientos no podrán controlar la oferta de suelo, ni nosotros -como decía ayer una señora en la radio- que pagar el IBI, porque la tierra es del viento.

Pero fíjense en lo de que los pobres son muchos y los ricos sólo demasiado ricos. No es una broma, porque a los pobres cuando son muchos se los esteriliza como al ganado, en lugar de enseñarles las virtudes que nos separan a los hombres de los animales, y a los ricos, como la tierra es del viento, les negamos la propiedad privada. De esto al nacional socialismo no hay ni un paso. El usufructuario de La Moncloa, a parte de creer que los ricos son los otros, no es que no sepa de Economía, es que no sabe de Antropología, a pesar del optimismo del que tanto presume.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Burocracia

Ya es viernes, el día de acudir a la librería a por el texto que semanalmente les recomiendo. Esta semana vamos a citar a un autor al que alguno de ustedes, a la vista de las recomendaciones que vengo haciendo, seguro que echaban de menos: Ludwig Von Mises. Aunque Mises es conocido, sobre todo, por su demostración de la ineficiencia del socialismo y, por tanto, su imposibilidad práctica de alcanzar el bien.

En esta ocasión les recomiendo un texto más corto que los dedicados a dicha demostración. Ya llegarán las vacaciones para que les indique algo más largo y contundente, sólo apto para devoradores de libros que quieran ver cómo ya en los años 20 se anticipó por este economista el desastre en que terminaría la Unión Soviética.

El texto que les recomiendo esta semana es Burocracia, de apenas 170 páginas. Es el primer texto que escribió este profesor austriaco en inglés, en 1944, tras llegar a Estados Unidos huyendo de los nacis cuatro años antes. Desde 1945 y hasta su muerte en 1973, fue catedrático de la Universidad de Nueva York, por lo que no pudo ver cómo su discípulo Hayek –dos veces citado hasta la fecha en estas recomendaciones bibliográficas- alcanzaba el Nobel de Economía al año siguiente.

Burocracia no es una crítica a los métodos burocráticos propios de la administración civil o militar, como algunos podrían suponer. Mises conoció bien lo que era la burocracia, y la entendía a veces necesaria en estas actividades, dado que fue funcionario del Imperio Austrohúngaro y la república que lo siguió, así como oficial del primero durante la primera guerra mundial.

Burocracia es una crítica a la extensión de los métodos burocráticos a la esfera privada y a la sociedad en general, que están reduciendo la libertad individual y aumentando la estatalización de la vida privada. Especialmente interesante es el capítulo quinto sobre la gestión burocrática de la empresa privada, y el epígrafe dedicado a la interferencia pública en la elección del personal, que tanto daño social -además de empresarial- hace, aunque se disfrace de discriminación positiva. Recuerde, por tanto: Burocracia, de Ludwig Von Mises.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Las cuatro respuestas (preocupantes) de Bernanke

Si tienen tiempo, busquen en la página web de la Reserva Federal las declaraciones de Bernanke, presidente de dicho organismo, en el Club Económico de Washington. Se agradecen por lo concisas y claras, aunque no dejan de preocupar por su contenido. El sr. Bernanke intenta responder a lo que llama las cuatro preguntas frecuentes sobre la economía y la Reserva Federal.

En la primera, ¿a dónde vamos? -en economía, se supone-, el presidente nos indica que, al menos en EE.UU., las cosas han mejorado desde este verano, pero poco más. En la segunda, sobre ¿qué hace la Reserva Federal para mantener el sistema financiero y la economía en general?, nos indica que los 270 miembros de la compleja estructura de directorios de la Reserva asegura que no está sesgada por la visión de Washington o de Wall Street, sino que otro tipo de personas como agricultores o académicos, por ejemplo, también influyen. La verdad es que esta respuesta a la pregunta que hacía es casi delincuente, y si no, recuerden el adagio latino “Excusatio non petita, acusatio manifesta”. La tercera pregunta acerca de si todas estas actuaciones no nos llevarán a la inflación, realmente no se contesta, porque el sr. Bernanjke no sabe salir del hecho que él mismo constata: el crédito de la institución que dirige se ha multiplicado por 2,5 desde el comienzo de la crisis.

Pero lo más interesante es su respuesta a la pregunta de cómo evitar crisis como la presente en el futuro, porque, al margen de los tópicos comunes sobre la necesidad de mejorar los instrumentos de medida y controlar los riesgos de las entidades en el futuro, dice algo que venimos afirmando desde el comienzo de la crisis: que debemos abandonar la filosofía del demasiado grande para caer, que nos tiene prisioneros de las grandes instituciones. Que para ello los accionistas y los acreedores de las grandes instituciones deben soportar las pérdidas de los mismos, y que no debe haber costes para el contribuyente, de tal modo que los pequeños no compitan, por este motivo, en desigualdad con los grandes y se restaure lo que denomina la disciplina del mercado, que no es otra cosa, aunque no lo cite, que la posibilidad de quiebra que tanto buen juicio pone en cualquier banquero o empresario, y que es lo que le falta a los políticos porque nunca quiebran.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El problema de las cajas de ahorros

Pues ya la hemos liado: cinco cajas de ahorros, sin contar con la intervenida, han publicado pérdidas. De momento todas pierden porque las pérdidas por morosidad son abultadas, pero ninguna porque sus gastos corrientes superen a sus ingresos corrientes. Sin embargo, ya hay alguna en la que este margen es muy estrecho y que, de seguir así, no necesitará siquiera que los clientes no paguen para comenzar a tener problemas. El año que viene será peor aún y es posible que después de que ya hay seis cajas en pérdidas, no haya que esperar tanto, y en los resultados de fin de este mismo ejercicio algunas publiquen números rojos.

¿Es esto una prueba de que las cajas de ahorros deben desaparecer como algunos defensores de la libertad de mercado defienden? En mi opinión, no. La banca puede llevarse a cabo por instituciones con forma de sociedad anónima -los bancos-, con forma de cooperativa -las cajas rurales-, o con forma de fundación -las cajas de ahorros-, sin que haya motivos para que después de más de trescientos años de historia de las mismas en España, tengamos que censurar la existencia de esta última forma. Las cajas de ahorros tienen una forma diferencial respecto de las otras dos: no hay propietarios, lo que puede favorecer determinados comportamientos perniciosos para la supervivencia de las mismas y para sus depositantes. Sin embargo, su historia demuestra que pueden sobreponerse a los mismos.

El gran problema de las cajas de ahorros ha sido la interferencia política, la entrega al poder político de la gestión de las mismas, porque las cajas de ahorros, no lo olvidemos, no son públicas como no lo son las fundaciones. Hemos hablado mucho de las ayudas a la banca, pero en España, salvo los adelantos de liquidez que hizo el Estado a través del Fondo de Adquisición de Activos Financieros, las ayudas, a través de lo que se ha dado en llamar el FROB, sólo han ido a una caja de ahorros, y las que se están debatiendo son sólo para cajas de ahorros, porque lo políticos necesitan ocultar sus vergüenzas como gestores mientras se quejan del mercado y de la codicia de los banqueros. Aquí, la quiebra de alguna caja tampoco habría venido mal para que entendieran (los políticos) lo que es la disciplina del mercado cuando pasearan por las calles de sus ciudades, en lugar de intentar convencernos de que las ayudas se han aprobado para corregir los errores del mercado que tenían nombres y apellidos: los suyos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 15 de diciembre de 2009

Que no, que esto no se arregla con dinero

Lo peor de las medidas económicas de nuestro Gobierno es que no son muy diferentes de las que está tomando el resto de Occidente, lo que hace pensar a los ciudadanos que no caben otras, aunque no se confíe en las mismas. Al final, esto creará una sensación de desánimo generalizado, cuando lo que se pretende, por parte de los políticos, es sólo inyectar entusiasmos que cada vez duran menos y necesitan más dinero. Ayer, Nicolás Sarkozy, presidente de la república francesa, anunció un paquete de medidas para la modernización nacional y la salida de la crisis, para el que emitirá 35.000 millones de euros de deuda pública francesa. Deuda que, para su colocación en los mercados, competirá con la que está emitiendo España, lo que, tras la amenaza de rebaja de la calificación crediticia por parte de Standard & Poors a la española, hará cada vez más difícil su venta.

Sarkozy incluye entre sus medidas el fomento de la formación y la educación superior, el apoyo al desarrollo sostenible y las PYMES, la financiación de los gastos de I+D, y el desarrollo de la economía digital y las nuevas tecnologías. Así dicho, cualquiera le critica que pida prestados 35.000 millones de euros que deberán pagar en los próximos años para gastar en cosas que no han decidido los franceses.

Japón se queda menos corto aún, y lanza su cuarto plan de choque contra la crisis (en la que lleva instalado veinte años) para gastar en cosas parecidas pero, como diría un castizo, más a lo bestia: 190.000 millones de euros. Todo esto sólo demuestra una cosa: los líderes de los países desarrollados están totalmente carentes de ideas e instalados en la irresponsabilidad, y creen que todo el problema económico se arregla con dinero, y no es así. No hay dinero suficiente para cubrir el derroche de un manirroto; sólo la austeridad y el trabajo le sacarán de su situación, pero a ver quién se lo dice. Ellos no van a ser los que le digan al pueblo eso, porque han asumido que su papel es prometerle la felicidad de la abundancia aquí en la Tierra. Los del pueblo nos hemos vuelto, también, irresponsables, y creemos que es la obligación de los que nos gobiernan solucionarnos los problemas, lo que nos llevará, sin duda alguna, a la esclavitud.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 14 de diciembre de 2009

La empanada mental de sindicatos (y demás)

En Madrid ha aparecido una pujante industria de la manifestación, que los fines de semana de todo el año desarrolla una frenética actividad de consumo en bares y restaurantes, venta de bocadillos, refrescos y cucuruchos de patatas fritas, venta de banderas de todo tipo, pegatinas y pines, y otra industria auxiliar conexa, en un área que va desde Atocha en el Sur, a la Plaza de Colón en el Norte, y desde la Plaza de Oriente, en el Oeste -como corresponde-, a la Puerta de Alcalá en el Este.

Esta área, de interés económico sin duda y que merece la declaración gubernamental de zona especialmente protegida para el desahogo ciudadano, sufrió una fuerte conmoción el pasado sábado ante la presencia de menos de 35.000 liberados sindicales que han sumido a la industria de la manifestación en una crisis importante, dado que contaba con una asistencia multitudinaria el sábado para cerrar bien el año. Por lo demás, fueron interesantes las declaraciones de Cayo Lara, coordinador de Izquierda Unida, que habló de cinco millones de parados (cifra que no coincide con las oficiales y que, si es verdad, requeriría que hubiese exigido alguna explicación al Gobierno) y que afirmó, además, que al usufructuario de la Moncloa le falta valor para enfrentarse con los grandes poderes económicos o la banca (pero no dijo nada de las ayudas que el Estado ha aprobado para una parte de este sector, en detrimento de la parte del sector que está sano, y del resto de contribuyentes).

Eso sí, aprovechó para atacar a los empresarios y unirse a las declaraciones de Méndez, que presumió de su legitimidad democrática frente a la de los empresarios que, según él, no los elige nadie, lo que demuestra la empanada mental de estos señores. A los empresarios los eligen todos los días los consumidores a los que están obligados a servir. No tenemos muy claro a quiénes sirven ustedes a parte de a sí mismos. Recuerden que la legitimidad democrática no es suficiente: Adolf Hitler tenía más legitimidad democrática que Oskar Schindler. Con sindicatos como éstos Argentina lleva 70 años de crisis.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Política, de Aristóteles

Ya ven que ha llegado el viernes de nuevo, pero esta vez es posible que no les mande a la librería porque, posiblemente, muchos de ustedes tengan este libro en su biblioteca personal. Al fin y al cabo, es posible que lo hayan leído en algunos de los estudios que han cursado, lo que incluye el bachillerato. Tampoco les voy a indicar que lo lean entero, sólo el libro primero, apenas veinticinco páginas de la edición de bolsillo que manejo e, incluso, para los más ocupados, sólo desde el capítulo VIII al XI, con lo que su tarea queda reducida a apenas diez páginas.

Y ¿por qué tan poca lectura? Pues porque el tiempo de Adviento y la preparación a la Navidad lo merece, y porque seguro que ustedes, como yo, tienen infinidad de cenas y comidas que atender antes de la Nochebuena. El libro, ya desvelo el misterio, es la Política, de Aristóteles. Es interesante, de modo especial, el capítulo IX, donde el maestro de Alejandro Magno afirma que no “es la función general de la economía la de aumentar la riqueza hasta el infinito”, como parecen creer algunos. Y es que, realmente, de lo que trata la economía es de la ordenación de nuestras necesidades de todo tipo para satisfacer con medios escasos las más posibles, comenzando por las más perentorias. Es decir, y como afirma el filósofo, todas las artes y técnicas están limitadas en su finalidad, incluida la economía, pero no así la búsqueda de la riqueza por sí misma, que clasifica dentro de lo que llama la crematística.

Aristóteles nos explica por qué el hombre busca las riquezas sin límites en una sencilla frase: “La causa de esta disposición es la preocupación por vivir, pero no por vivir bien. Así, al ser aquel deseo sin límites, desean también unos medios sin límites”. Ya conocen, pues, el origen de la codicia que nos aflige: la desesperanza ante la muerte.

De la banca no habla bien el estagirita porque el negocio del tipo de interés le parece el más antinatural de todos. No comparto su juicio, porque no comprende que el tipo de interés, como afirma el economista austriaco Mises, no es una categoría económica, sino psicológica; sin embargo, en lo que sí creo que estaríamos de acuerdo es en lo antinatural del dinero sin base metálica que utilizamos hoy día, y que es el origen de la crisis que padecemos. Recuerde, por tanto, la recomendación de esta semana: Política, de Aristóteles, libro primero, especialmente capítulos VIII al XI. Siempre hay que volver a los clásicos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Lo discutible de las ayudas

Pues el presidente Obama nos anuncia un plan estímulo contra el desempleo con los 135.000 millones de dólares que no se han consumido en las ayudas a la banca. Ya ven que con lo que no le ha hecho falta para ayudar a su sector financiero, el gobierno de los Estados Unidos pretende ahora solucionar el problema del desempleo que le ha subido hasta el 10%. Una cifra que en España es un lujo pero en Estado Unidos, una catástrofe. Podríamos hacer demagogia de la que gusta a la ecopogresía: para los parados las migajas de la banca, pero no, porque, tal vez, puestos a ayudar, ése era el orden que había que seguir aunque parezca duro.

Continuamos. En España también hemos aprobado importantísimas ayudas para la banca, especialmente para las cajas de ahorros, algunas de las cuales no se están ni utilizando, porque los políticos locales prefieren una caja muerta bajo su control que viva bajo el control de otro. Pero eso no es lo que me interesa ahora. En España, han desaparecido el 10% de las empresas en los dos últimos años mientras el Gobierno, como el norteamericano, ayudaba a la banca. Podríamos volver a hacer demagogia sobre el absurdo aparente que supone ser el abanderado de los humildes que ayuda a los ricos, pero no, porque en Economía sabemos que las cosas no son así de sencillas.

Así de sencillas, y de burdas, suelen creer que son los sindicatos. Lo que es discutible en sí mismo es la ayuda, no el orden en que se aplica: primero a los bancos y luego a los parados. Los gobiernos no han dejado caer a los bancos pero sí a otro tipo de empresas, y ahora quieren acudir en rescate de los desempleados que la caída de las empresas no financieras ha producido. Sin embargo, sí vamos a criticar esta discriminación entre sectores y tamaños de empresas que han supuesto las ayudas públicas que, además, generan perturbaciones económicas basadas en el favoritismo o, dicho de otro modo, en la capacidad de interlocución de un agente económico. Así, el que puede hablar con el Gobierno puede hacerle ver su problema, y el que no, no. Algo parecido a lo que ha pasado en España recientemente con los agricultores y los creadores musicales.

Cualquier ayuda pública es, pues, una injusticia, y convierte a nuestro sistema político en un artificio por el que unos pretenden que sus errores o su infortunio lo paguen los otros. Para algunos de estos casos el mercado ya ha inventado un modo que no genera injusticia, porque no está basado en la violencia institucional: el contrato de seguro. El Gobierno no puede asegurarnos todo, gracias a Dios, y cuando lo pretende no causa más que injusticias.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La segunda oportunidad ya ha pasado

Ha hablado el sr. Trichet, presidente del Banco Central Europeo, para alabar el papel de los banqueros centrales y los gobiernos europeos, asegurando que han evitado una gran depresión gracias a la agilidad y arrojo de dichas autoridades. Lo que no ha añadido, y esto lo digo yo, es que fueron los banqueros centrales los que previamente nos pusieron, como solemos decir en castellano, a los pies de los caballos.

El sr. Trichet advierte a los bancos de que no habrá una segunda oportunidad porque los ciudadanos no comprenderían una nueva ayuda pública para sanear su situación económica. Y en esto estoy de acuerdo con el sr. Trichet, pero no porque no crea que las autoridades van a dejar de ayudar a los bancos en dificultades, especialmente cuanto más grande sean, sino porque la segunda oportunidad ya ha sido, y la tercera, y la cuarta… la próxima vez que les ayuden no podrá ser la segunda, por tanto. Lo que ha caracterizado a la última oportunidad en forma de ayuda que se le ha dado a los banqueros es que es la más grande de las que ha habido hasta la fecha, pero les aseguro que no será mayor que las que le sigan.

Los bancos centrales deciden en cada momento, y me da lo mismo que los argumentos sean técnicos o políticos, la base monetaria, el dinero en circulación que hay en una economía. Los bancos privados no son más que correas de transmisión o, si lo prefieren, franquicias del producto que fabrica el banco central correspondiente. Con independencia de comportamientos inmorales -que a veces los hay entre los banqueros y que se solucionan normalmente con el Código Penal-, el banquero privado intenta vender todo el producto que le suministra el banquero central. Si le suministra mucho, vende mucho. Ahora, si de repente el banquero central le pide que devuelva lo que le prestó porque no le gusta cómo se están poniendo las cosas, el banquero privado no puede exigir a sus prestatarios que le devuelvan lo que le deben. Lo demás, ya lo saben.

Por tanto, le guste o no al sr. Trichet, mientras los banqueros centrales sigan decidiendo la base monetaria de la economía, va a ser difícil que se sustraigan a su responsabilidad de ayudar a los bancos privados, salvo que den un paso más y los nacionalicen. Todo lo demás es una falta de honestidad intelectual tan propia de nuestro tiempo, porque todo esto, les aseguro, también lo sabe el sr. Trichet.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Sobre símbolos religiosos y otros que no lo son

Pues yo también les voy a hablar de lo del Crucifijo y las escuelas. Unos dirán que qué hago hablando de religión en un blog económico, y otros que esto no es más que otra tontería del Gobierno para distraer nuestra atención. A los primeros les recordaré que la Economía trata de realidades espirituales: la acción del hombre que se proyecta al futuro para cubrir sus necesidades de todo tipo; lo que trata de realidades materiales es la ingeniería. A los segundos, que esto, al margen del problema religioso, es un ataque más a la propiedad privada. Dicho esto, vamos al tajo.

El diputado señor Tardá ha vuelto a mostrar una de las confusiones típicas de los políticos actuales que, al no distinguir lo público de lo privado, terminan por violentar los derechos de propiedad. Así, este diputado ha asegurado que es su objetivo la retirada del crucifijo de los colegios privados que reciben ayuda pública -lo que llamamos los concertados-, y dicho así hasta parece razonable si no fuera porque el dinero con el que apoya a esos colegios, previamente se lo ha quitado a los padres el Estado, con la excusa de que así asegura la educación de los muchachos y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. Libertad que luego violenta, prohibiendo el crucifijo en un colegio de educación católica elegido por los padres.

Como ven, un absurdo de los muchos a los que nos lleva el intervencionismo público. Hay que acabar con esta idea de que el Estado puede exigir, a todos aquellos a los que paga, una pretendida neutralidad ideológica, y hay que acabar porque esto se genera primero con una ineficiencia económica, que tiene su origen en que el Estado cobra impuestos para dar los servicios que el ciudadano se pagaría si le dejaran suficiente dinero, y porque, segundo, con esta ineficiencia se va reduciendo, además, la iniciativa privada y la libertad de los individuos.

En cualquier caso, le voy a dar otra idea al Sr. Tardá porque a mí no me molestan los crucifijos, sino los escudos del Real Madrid en vehículos que la gente se compra con las ayudas del Plan E. Ahí tiene usted que incidir, Sr. Tardá: fuera escudos del Real Madrid de automóviles que financiamos entre todos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Estudios de Economía política

Llegó el viernes y algunos de ustedes incluso disfrutarán de un largo puente. ¡Enhorabuena! Pero antes de nada, esta misma tarde, o mañana por la mañana a más tardar, acérquense a la librería y adquieran el libro que les voy a recomendar: Estudios de Economía política, del profesor Huerta de Soto. El profesor Huerta de Soto es, sin duda alguna, el economista de habla española que más ha contribuido al conocimiento, desarrollo y divulgación de la teoría económica de la Escuela Austriaca, algunos de cuyos autores han sido recomendados por sus obras en este blog de los viernes que dedicamos a la buena doctrina económica. O mejor dicho, porque ya les he explicado que la Economía es ciencia y, por tanto, se basa en la verdad a la Economía, y no a otras cosas carentes de rigor científico.

El profesor Huerta no sólo es un gran estudioso con importantes aportaciones al estudio de los fenómenos monetarios (en una de sus obras, por ejemplo, anticipa perfectamente la crisis que nos aflige) o aportaciones que demuestran la imposibilidad del bienestar económico en las economías planificadas (como ya demostró la Historia, pero seguimos empeñados en experimentar), sino que es, probablemente, el más ameno, divertido y, sobre todo, apasionado conferenciante o exponedor público de economía política que puedan encontrar. Después de escucharle la primera vez, uno decide estudiar Economía aunque su interés fundamental en la vida estuviera totalmente alejado de la ciencia. La segunda vez que uno le escucha, decide doctorarse. Si no me creen, aprovechen una de sus clases en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, pero luego no me reclamen por su nueva adicción.

El libro que les recomiendo es sencillo y agradable de leer porque se trata de un conjunto de artículos largos sobre diversos temas muy interesantes en Economía. Como los artículos no se puede afirmar que constituyan una unidad sistemática, pueden leerse independientemente. Probablemente, los capítulos 7 al 10 les resulten muy atractivos, porque en ellos les parecerá que el profesor Huerta está retransmitiendo nuestros problemas económicos actuales. Así, que recuerden: Estudios de Economía política, de Jesús Huerta de Soto. Disfrutarán casi tanto como escuchando al autor.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 3 de diciembre de 2009

El verdadero problema: la banca central

Ayer Don José Ramón Inguanzo, el ilustre director del programa Primera Hora, de Gestiona Radio, lo pasó mal. En la tertulia de las 7.30 de la mañana quería que los asistentes habláramos de tres o cuatro temas distintos y, al final, sólo se habló de uno: el incremento de las competencias de la intervención pública en el sistema bancario, y porque nos echó, casi con violencia, a todos del estudio, que si no, allí seguimos.

Ayer también, el individuo que usufructúa el Palacio de La Moncloa nos estuvo contando las bondades de la Ley de Economía Sostenible entre las que incluyó el refuerzo de las competencias del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, para evitar otra crisis como la que hemos sufrido. Y eso, mal que le pese al usufructuario, no se conseguirá incrementando las competencias de los supervisores. Ni reduciéndolas tampoco. El problema de la crisis no está en un fallo de la supervisión, ni tan siquiera en la escasez de medios de la misma, como suelen afirmar los intervencionistas para los que el sector público no falla sino que siempre tiene escasez de medios.

El problema de la crisis lo crea el sistema de banca central con el que nos hemos dotado, que es un fallo público en sí mismo y que cuando las cosas llegan muy lejos requiere que los supervisores se relajen un poquito, o que se varíen las normas contables como ha sucedido recientemente, para taparle las vergüenzas de sus equivocaciones al banco central correspondiente, ya sea el Central Europeo o la Reserva Federal. Cuando eso no basta, vienen las ayudas que no sólo cubren los errores públicos sino también los privados, aquellos que son sólo imputables al banquero.

Robert Aumann, premio nobel de Economía en 2005 por sus aportaciones a lo que los economistas llamamos la Teoría de Juegos, ha declarado recientemente: "Los planes de rescate crean incentivos erróneos que conducen a crisis futuras". Eso es todo. dejemos de cobrar impuestos a los pobres para cubrir las equivocaciones de los políticos y de los banqueros que se han equivocado. Permítannos distinguir entre políticos y banqueros buenos, y los que no lo son tanto. Lo contrario es un incentivo al comportamiento moral desviado.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La conjura de los necios

Pues el artículo de hoy me lo ha escrito el profesor Sala i Martín, que ayer era entrevistado en el diario Expansión y una vez más no me defraudó. No me defraudó porque volvió a vestir tan mal como siempre: americana de un indescriptible verde manzana, camisa y pantalones negros y corbata negra con un estampado de los siete enanitos de Blancanieves a todo color. Pero no me defraudó por sus declaraciones. Léanselas si pueden conseguir el periódico todavía hoy, y luego me dicen si yo soy cañero, como afirman algunos. Creo que al lado del profesor Sala, asemejamos yo a una novicia y él a Rambo.

Afirma el profesor cosas como que los problemas de España “no se solucionan vendiendo más pisos, dando cheques para comprar coches o haciendo calles”. Porque, como añade, el problema de España no es de demanda sino de productividad, y la productividad no se consigue aumentando el gasto en I+D y “el mundo no va así. Esto sólo funciona en la cabeza de un ministro que quiere vendernos la moto”.

Critica fuertemente la educación y la universidad española (recordemos que este hincha del Barça es catedrático en la Universidad de Columbia, en Nueva York) en donde aboga por introducir la competencia en lugar del sistema viciado de acceso a las plazas que hemos creado. Nos avisa que estos cambios se notarán a largo plazo y encontrarán la fuerte oposición de ciertos lobbies, pero nos apercibe de que llevamos dos años de crisis y no hemos hecho nada. Critica el profesor Sala la imagen del empresario en España: “Aquí, la gente piensa que el empresario está libre porque todavía no lo han enganchado, y que seguro que ha hecho negocios fraudulentos por los que tendría que estar en la cárcel”. Por último, critica a Europa que no permite la competencia legal entre países sino que uniformiza la legislación de acuerdo con las felices ideas de los burócratas, unos tipos, y esto lo digo yo, que no es que no entiendan el mercado, es que lo odian.

En cualquier caso, busquen el diario Expansión de ayer y lean la entrevista en la página 34, no la 32 como erróneamente dice la portada. Pasarán un buen rato y entenderán por qué los ayudantes de la Universidad de León llegan a presidentes del Gobierno, y un tipo como Sala a catedrático en Columbia.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 1 de diciembre de 2009

Anteproyecto insostenible

Pues el Gobierno cumplió el viernes con su amenaza, y nos atizó a todos los españoles con un anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, y ya tienen ustedes a sesudos analistas y profesores de Economía entretenidos en explicarnos el contenido del mismo. Toda una pérdida de tiempo cuando la mayoría concluyen que es un cascarón vacío. Sostenible no quiere decir nada. Es, simplemente, el adjetivo que está sustituyendo a 'progresista', adjetivo este último que gozó de gran prestigio, pero que de tanto utilizarlo para ocultar la ignorancia y la incompetencia, ya es difícil esgrimirlo sin provocar carcajadas.

Sostenible puede ser cualquier cosa y su contraria si al Gobierno le pete. En cualquier caso, sí hay que decir algo del adjetivo sostenible: es una excusa para intervenir en decisiones que deben ser de los particulares. Así, el anteproyecto regula cosas variopintas como la temperatura en los locales privados de acceso público y no, como se dice, en los locales públicos, porque el Gobierno no debe olvidar que un bar, por ejemplo, es privado aunque el dueño nos deje entrar.

La norma está dividida en tres partes: mejora del entorno económico, competitividad y sostenibilidad medioambiental, sin ninguna estructura lógica ni entre las partes ni en cada parte. Realmente, recuerda a aquellas leyes de acompañamiento de presupuestos que lo mismo te modificaban el Código de Comercio que el etiquetado comercial de los supermercados referente al tamaño de los huevos de gallina. Algunos de sus aspectos serán agua mojada como, por ejemplo, la reducción de la morosidad de las administraciones públicas locales, porque si los acreedores no pueden embargar a los Ayuntamientos no les sirve de nada que la Ley les reconozca que tienen el derecho a cobrar en un plazo determinado. Otros no sé si causan risa o preocupación, como la obligación de coordinación que se establece para los organismos supervisores entre ellos (¿qué pasa, que no lo hacían, o al menos no lo hacían suficientemente?) y con la Comisión Nacional de la Competencia, ese órgano que existe con una u otra denominación parecida en todos los países de nuestro entorno, y cuya finalidad es acabar con la libertad de mercado bajo la excusa de promover la competencia, un conjunto de individuos que ni la comprenden ni les gusta. La verdad es que el anteproyecto es insostenible.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.