lunes, 26 de abril de 2010

En defensa de Goldman

Les recomiendo la lectura del artículo que don Lorenzo Bernaldo de Quirós publicaba ayer en el suplemento dominical de información económica del diario ABC. ¿Y por qué se lo recomiendo? Pues porque don Lorenzo es uno de los economistas más brillantes y originales de España, y haciendo gala de esa originalidad se despacha con un artículo en defensa de Goldman Sachs, ahora que se ha convertido en el chivo expiatorio de los errores de la Securities Exchange Comision, la autoridad supervisora de los mercados de valores en los Estados Unidos. He de decir que el miércoles pasado en este blog ya les dí yo algunos argumentos a favor de Goldman, pero don Lorenzo aporta otros nuevos y muy interesantes.

Me voy a centrar en uno de ellos: la calidad de los supuestos engañados por parte de Goldman Sachs resultan ser otros bancos internacionales. Es posible que un profesional altamente cualificado engañe a otro, pero eso ya no parece un problema de supervisión sino de tribunales ordinarios. Otro problema es definir bien qué es engaño, porque no sólo el que vende tiene la obligación de ser veraz en la información que facilita -lo contrario supone efectivamente engaño-, sino que el que adquiere tiene que plantearse si lo que adquiere es lo que quiere adquirir. Los que compraron los bonos de titulización hipotecaria preparados por Goldman Sachs no pueden decir ahora que ellos no esperaban que los impagos pudieran llegar a ser tan altos y que, por lo tanto, sus adquisiciones deben declararse nulas, y el vendedor debe reponerles las pérdidas que sufrieron.

Cuando alguien compra un título de deuda, y una hipoteca lo es, sabe que puede llegar a perderlo todo aunque eso sea poco probable. Si finalmente ese hecho poco probable ocurre, el comprador tiene que asumir las consecuencias. Las cautelas deben tomarse en el proceso de negociación, y es lo que se llama la 'diligencia debida'. Un comprador puede siempre pedir la nulidad de un contrato en determinadas circunstancias, no cabe duda, pero no puede oponer que sus expectativas respecto de lo adquirido no se han cumplido. Es un problema jurídico, que no es mi especialidad, pero que afecta a la Economía y sus instituciones. Si nos cargamos el Derecho no habrá recuperación económica posible, y ése es uno de los riesgos que se corren con algunos de los planteamientos que se siguen en la investigación contra Goldman Sachs.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 23 de abril de 2010

En busca del pleno empleo

Es viernes otra vez por lo que, si pueden, acérquense a la librería a por un texto de un muy joven economista argentino, recién publicado, y cuyo simple título lo hace muy sugerente en estos tiempos que corren: En busca del pleno empleo, del profesor Adrían Ravier. El autor está formado con rigor y ortodoxia en la escuela austriaca de economía y, en concreto, en la cátedra que dirige el español Jesús Huerta de Soto en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, que no es ya una promesa, sino un auténtico faro de iluminación del pensamiento económico en lengua española, con raíces en la escuela antes citada cuyo origen, como ya les he indicado en otras ocasiones, son nuestros escoláticos de la Escuela de Salamanca del siglo XVII, principalmente, y XVIII.

No es un libro apto para keynesianos porque muestra el cortoplacismo de las políticas económicas basadas, a su vez, en políticas monetarias y crediticias expansivas, como nos pasa ahora. Claro que para eso, y sin quitarle los muchos méritos que tiene al profesor Ravier, ustedes sólo tienen que leer al propio Keynes cuando afirmó que “a largo plazo, todos muertos” o a Ropke, en su teoría económica, cuando tildó no sólo de irresponsable al inglés, sino de inmoral porque estableció una metodología ayuna del más mínimo sentido de la responsbilidad. El texto pretende, además, hacer comprensible no sólo a los keynesianos, sino a otras corrientes de pensamiento económico con las que el autor se siente más a gusto -como los monetaristas o los nuevos macroeconomistas clásicos- que la cantidad de dinero no sólo tiene efectos nominales sobre los precios en la economía, sino que, en el largo plazo, tiene efectos reales sobre la misma, provocando deficientes asignaciones de recursos.

En román paladino, la liquidez abundante no sólo nos afecta porque puede crear inflación, subidas generalizadas de precios, sino porque puede generar variaciones relativas de los mismos, como ha ocurrido en España y en todo Occidente con la vivienda, donde los precios de estos activos han subido más que el resto. Este aumento relativo de los precios ha aconsejado a muchos empresarios a dirigir sus esfuerzos a un sector, el de la construcción, más allá de lo razonable, como podemos ver y los parados del sector constatan. Como ven, nada de más actualidad. Así que busquen el texto del profesor Adrian Ravier En busca del pleno empleo, y dedíquenle un buen rato. No se arrepentirán.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 22 de abril de 2010

De banqueros y políticos

El profesor Stiglitz suele hablar mal de los bancos, lo que suele granjearle el favor del público. Muchos de ustedes me acusan de ser un poco probancario, lo que claramente no me hace el economista más popular. Así que me voy a explicar. Me gusta la banca. Me parece un noble oficio y he conocido a directivos bancarios que eran ejemplo de virtudes privadas y públicas. En esta crisis suelo acusar mucho a las autoridades porque me parecen más culpables que los banqueros, pero los banqueros tienen también mucha culpa.

En el caso español, porque tenemos la mitad del sector dirigido en última instancia por políticos: las cajas, pero además, porque el modelo económico mixto con el que nos hemos dotado en Occidente -una vez que hemos abandonado el comunismo o socialismo real, como le gustaba llamarse, porque realmente no hay otro socialismo que el soviético y siempre acaba igual-, se ha convertido en una confabulación del poder político y el económico. La competencia y la libertad sólo la quiere el empresario pequeño o el que comienza. El empresariado grande quiere siempre llegar a un acuerdo con el poder político que impida el acceso de nuevos empresarios al mercado y gozar de la ayuda pública si las cosas vienen mal dadas, con la excusa de que su caída sería una catástrofe.

La banca se ha convertido en un sector especialmente afecto al poder político y el poder político, con independencia de su signo, a su vez, se ha vuelto tremendamente afecto al sector financiero. Para ello, no tienen más que ver el volumen de ayudas que recibe bajo la excusa antes apuntada, después de haberse enriquecido llevando a cabo la política que las autoridades habían querido. Un sector, el financiero, fuertemente intervenido, porque todo sector que pretende la ayuda pública tiene que favorecer la intervención como modo de corresponsabilizar al Estado de sus errores y, eso, no cabe duda de que lo han logrado. Es posible que después de esto, mi popularidad se acerque un poco a lo de Stiglitz aunque no llegue nunca a alcanzarle.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 21 de abril de 2010

Las titulizaciones

Ahora que las autoridades norteamericanas acusan de fraude a Goldman Sachs por las titulizaciones, sería conveniente recordar qué son y por qué se hicieron. Las titulizaciones son un proceso por el que un prestamista hipotecario cede préstamos hipotecarios de su cartera a un fondo. El fondo, para poder pagarle los préstamos, emite bonos que coloca en el mercado, y con la liquidez que obtiene paga los préstamos que le han vendido. Los bonistas recuperan su inversión cuando el fondo cobra las hipotecas que le han cedido. Es cierto que en el proceso hay cuestiones poco claras como son la ocultación real de la calidad de las hipotecas cedidas al fondo, o la comercialización, no avisando del riesgo real a los bonistas.

Pero volvamos al tema. ¿Por qué los bancos titulizaron sus préstamos? Pues porque estaban muy endeudados y necesitaban liquidez y reducir endeudamiento. ¿Y por qué estaban muy endeudadas las instituciones? Pues porque los bancos centrales les prestaban a tipos bajísimos todo lo que quisieran, y eso es una tentación a la que un banquero no puede sustraerse fácilmente, pues cuanto más presta más gana. ¿Y por qué los bancos centrales prestaban tan bajo? Pues porque querían precisamente eso: que los bancos privados, actuando como franquiciados de su política, prestaran al mayor volumen de gente -lo que hacía que cada vez fueran menos solventes-, con la finalidad de que cada vez más gente accediera a la propiedad.

Esta cadena nos la explicó Greenspan hace una semana en el Congreso de los Estados Unidos, como recordarán de otro de mis comentarios. ¿Y esta política de acceso a la propiedad de los más humildes era equivocada? Pues la finalidad es buena, y el capitalismo ha permitido el acceso a la propiedad de cada vez más segmentos de la población, pero el mecanismo era malo. Las autoridades tenían que haber favorecido el ahorro de los más favorecidos para crear los fondos, para que los menos favorecidos se endeudaran para acceder a la propiedad. Sin embargo, se buscó un atajo menos esforzado: nadie tiene que ahorrar, nadie tiene que privarse de nada en el presente porque los bancos centrales fabrican dinero para todos. Ahora, esas clases desfavorecidas están sin empleo y sin casa, pero la culpa es de la voracidad de los bancos privados que se enriquecieron aplicando las políticas de los gobiernos que ahora acuden en su socorro.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 20 de abril de 2010

El que la haga, que la pague

El Ecofin que se celebró este fin de semana último en Madrid a pesar de los volcanes islandeses, ha traído interesantes propuestas en materia económica. Hoy vamos a centrarnos en una: la propuesta de que la Unión revise a priori las propuestas de prepuestos públicos que los respectivos gobiernos de los estados miembros someten a sus parlamentos. Esto admite toda una discusión de ciencia política sobre dónde queda la soberanía nacional de cada Estado, si sus parlamentos sólo pueden votar sobre aquello que la Unión les permite. Pero como no es mi especialidad no voy a hablar de ello, sino de las declaraciones de nuestra vicepresidenta segunda y ministra de economía. Ha dicho la señora Salgado que bien, pero siempre que no pueda el revisor vetar los presupuestos sino sólo manifestar su opinión.

Está claro que este Gobierno, que presenta presupuestos a las Cortes que sabe que no se podrán cumplir, o que los modifica por Decreto-Ley a mitad de año, no quiere una instancia que le fije el contenido de los mismos. Con independencia de los argumentos políticos apuntados de soberanía, me parece que si la Unión no puede censurar los presupuestos nacionales, tampoco debe responsabilizarse de los mismos, máxime cuando no se cumplen. Es decir: no tiene sentido que el gobierno griego haga lo que de la gana, incluso mentir y falsear sus cuentas, y luego pida a Europa ayuda.

Todos nosotros tenemos una experiencia económica que es perfectamente trasladable -aunque un buen progresista siempre les dirá que las cosas son más complejas- cuando uno se independiza económicamente de sus padres y tiene la agradable sensación de que no tiene que explicar a nadie en qué se gasta su dinero, pero también sabe que eso no tiene vuelta atrás. La verdad suele ser muy sencilla, a veces tanto que nos sorprende. Mi opinión es que la Unión no debe meterse en las cuentas de cada Estado mientras sea soberano, pero también que los gobiernos de cada Estado deben asumir los errores de su gestión o al infortunio frente a sus electores y no llamar insolidarios o racistas al resto de gobiernos cuando no les dan ayuda.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 19 de abril de 2010

Principio y fin de las cajas de ahorros

El otro día escribía el profesor Velarde, a propósito de un libro que acaba de publicar Gaspar Ariño, sobre la situación de las cajas de ahorros. Velarde ve que la situación de estas instituciones está favoreciendo las tesis de los partidarios de su privatización como modo de solucionar los problemas de solvencia y buen gobierno que tienen. Así, denominaba a este proceso -si llega a darse- desamortización de las cajas de ahorros, que comparaba con las desamortizaciones que en el siglo XIX promovieron los Mendizabal y Madoz, y que sólo sirvieron para despojar a los más humildes de patrimonios que, aunque no les pertenecían -como eran los de la Iglesia y los comunales-, disfrutaban, en favor de la burguesía liberal.

Difiero sólo en una cosa con el profesor Velarde: el proceso no se iniciará con la privatización de las cajas, sino que se inició en 1977 con la Ley de Órganos Rectores de las Cajas, la LORCA, que otorgó a la clase política, si no la propiedad sí el control de estas entidades de crédito, violentando la institución recogida en nuestro Derecho Civil de la fundación. En la fundación, alguien, el fundador, decide renunciar a una parte de su patrimonio para ponerlo a disposición de un fin más allá incluso de su propia vida, indicando cómo debe gobernarse el mismo. La LORCA decidió olvidarse de la voluntad de los fundadores y atribuir el gobierno de esos patrimonios a los políticos. Ahora es difícil volver el proceso hacia atrás, y dado el fracaso parece que la privatización puede ser la solución, es decir: la conversión de las cajas definitivamente en bancos.

Las cajas las crearon los franciscanos en el siglo XV y eran eso que ahora a todos nos parece tan social y tan encomiable: el microcrédito. En los últimos treinta años nos hemos cargado esa banca social que eran las cajas de ahorros, y que tenía en España tres siglos de antigüedad, y ahora parece que ya no hay otra posibilidad más que convertirlas en bancos. Y todo esto se ha hecho en aras del progreso y del estado social. Sólo teníamos que respetar las instituciones que la tradición nos había dado para tener lo que buscábamos y nos hemos cargado.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 15 de abril de 2010

Hacia la deuda pública europea

Es difícil entender que los políticos entiendan tan poco el mercado. Grecia colocó antes de ayer las emisiones de deuda pública que tenía proyectadas a tipos realmente altos: sus letras a un año se pagarán al 4,85% frente al 0,73% que está pagando a igual plazo España. Las solicitudes de títulos griegos superaron siete veces la oferta. Es decir, hubo demandas de títulos por parte de inversores que no fueron aceptadas por el Gobierno griego porque estaban dispuestos a prestar pero a más interés. En el futuro, estos inversores deberán bajar sus pretensiones si quieren comprar deuda helena. Eso sí, los que han comprado estas letras se han llevado un papel que, en principio, goza de toda la garantía europea, que no la griega, pero a un tipo estupendo.

El mercado está ahora virando hacia Portugal para crear la misma oportunidad: títulos con garantía europea y altos tipos. Portugal se comprometió a pagar ayer en una subasta el 1,72% por su deuda a dos años mientras que España paga el 1,52%. Por la deuda a diez años su compromiso fue del 4,34% frente al 3,88% español o el 3,23% alemán. Finalmente, dada la debilidad de los gobiernos europeos para asumir fuertes recortes de su déficit, lo que reduciría los tipos de interés a que se endeudan los mismos, y como son incapaces de negar el apoyo financiero de los países con menos problemas a los que más, los especuladores han encontrado el modo de obtener títulos con plenas garantías y alta remuneración: no acudir a las colocaciones de deuda de los países más débiles en el convencimiento de que al final la Unión Europea se hará cargo de dar garantía cuando los tipos hayan subido lo suficiente. Al final, la cuadratura del círculo: alta remuneración y bajo riesgo.

Los especuladores sólo hacen su trabajo: sacar rendimiento de los errores de los políticos. Es por eso que los políticos los odian tanto: les dejan de estúpidos. No haber socorrido a Grecia tal vez hubiera generado la suspensión de pagos griega pero, a cambio, los mercados habrían parado su estrategia que ahora pretenden repetir con Portugal, y así hasta que la deuda pública nacional de cada miembro de la Unión sea deuda de la Unión y goce de la garantía de la Unión, que no será mejor que la garantía alemana o la francesa, pero sí mejor que la garantía del resto de naciones. Lo que hay que ver es cuánto están dispuestos a aguantar Francia y Alemania, porque cada nueva garantía dada a otro miembro va contaminando la calidad de su deuda y el tipo que ellos pagan por la suya.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 14 de abril de 2010

El fresón onubense

El proteccionismo y el intervencionismo toman a menudo el disfraz de las causas aparentemente justas. Cuando de algún modo nos beneficia, la pasión nos impide ver el perjuicio que estamos causando a otros en particular, y al conjunto social en general. Para ilustrar de qué estoy hablando, les voy a comentar las aparentemente causas justas que un conjunto de partidos y movimientos ecoprogresistas suizos, bajo el lema “no es la temporada de la fresa”, están oponiendo al fresón onubense, que ha permitido a esa provincia española ponerse entre las más prósperas de Andalucía.

Acusan al fresón español de que es barato porque esconde costes ecológicos y sociales. Dicho así, ¿cómo puede un suizo socialmente responsable consumir un fresón que consigue su baratura escondiendo costes ecológicos y sociales? ¿Y cuáles son esos costes? Los costes ecológicos, parece ser, que es el derroche de agua con el que las cultivamos y el uso de pesticidas. Los pesticidas que se usen estarán admitidos por la Unión Europea, digo yo. Y el abuso de nuestra escasa agua, qué le importa a los suizos que tienen medio país nevado todo el año. Lo de los costes sociales se refiere a las condiciones laborales de los trabajadores porque, según los organizadores, en España no siempre se respeta la legislación laboral europea. Por último, se quejan los organizadores del agresivo marketing del fresón español en los supermercados, que desplaza de las mejores localizaciones a la producción agrícola suiza.

Como ven, un absurdo que queda de manifiesto cuando solicitan el consumo de frutas y verduras de temporada producidos localmente. La campaña contemplada al descubierto no es sino el intento de los agricultores suizos de defenderse de la competencia española en algo en lo que ésta ha resultado mejor para el consumidor, utilizando cualquier tipo de argumento, y entre ellos, los que más gustan a estos movimientos ecoprogresistas: los argumentos sociales, ecologistas y, por último, nacionalistas. Les aseguro que si me lo pidieran los productores de relojes españoles podría encontrar argumentos que demostrarían que la medida del tiempo en España no es la suiza y que, por tanto, no debemos comprarles relojes. Pero serían falsos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 13 de abril de 2010

Previsiones optimistas del Gobierno (otra vez)

Hace un par de semanas me preguntaron acerca de las diferencias entre las tasas de crecimiento esperadas de la economía española publicadas por el Gobierno y por el Banco de España. Como supondrán ustedes la pregunta venía a cuento de que el organismo supervisor acababa de publicar unas cifras de crecimiento inferiores a las del Gobierno. Entonces comenté algo que ha pasado creo que desapercibido, tal vez porque la Semana Santa no es el mejor momento para hacer declaraciones o, tal vez, porque a nadie, salvo a mi madre, le interesan mis declaraciones.

Lo que creo que pasó desapercibido fue la cautela con la que el Banco de España se afirmaba en sus conclusiones. En concreto decía este organismo que para realizar sus cálculos había dado por buenas las previsiones sobre deuda y déficit públicos realizados por el Gobierno que es de quien dependen, al fin y al cabo, estos dos parámetros. A renglón seguido, el Banco de España añadía que tales previsiones de nuestro ejecutivo le parecían optimistas y que de ser peores, también serían peores, lógicamente, sus cifras de crecimiento. Ahora, varios servicios de estudios privados, públicos y de organismos multilaterales parece que se unen a esta tesis: la deuda y el déficit público españoles difícilmente serán los que dice el Gobierno español, sino que serán mucho mayores, lo que incidirá en unas cifra de crecimiento menores aún y en mayores tasas de paro que las que se están pronosticando.

Tal vez por eso el usufructuario de La Moncloa declaró ayer al Financial Times que va a reducir el déficit "al coste que sea". Expresión que ya demuestra su ignorancia porque, para reducir el déficit, precisamente lo que hay que hacer es no incurrir en costes. Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional, ya ha indicado que para 2014 España habrá bajado desde el noveno puesto hasta el duodécimo en la clasificación de países con mayor producto interior bruto del mundo. Seguiremos siendo ricos, pero relativamente menos. Lo grave es la fuerte caída: tres puestos en cuatro años, cuando para pasar del puesto décimo al noveno habíamos dedicado los últimos treinta y cinco años, porque subir es muy difícil pero caer no. Y si no, miren los últimos setenta años de la historia argentina.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 12 de abril de 2010

El amor del Gobierno hacia la banca

Cuando Cleopatra, la reina egipcia de dinastía griega, le dice al trinvuro romano Marco Antonio que si de verdad le ama le diga cuánto, éste le contesta que es miseria el amor que puede ser contado. El amor de Europa a Grecia, uno de los ejes de nuestra civilización, sin embargo sí tiene medida: 30.000 millones de euros, que es lo que la Unión Europea se ha comprometido a poner a disposición del gobierno griego para evitar la suspensión de pagos. La cifra no sé si representa mucho o poco amor por parte del resto de los europeos hacia los griegos, de hecho la inflación de las cifras de las ayudas y los planes de rescate que las autoridades occidentales han emprendido en los últimos años nos han hecho perder la medida. Pero me gustará comparar todo el amor de Europa hacia la cuna de la democracia, con el amor de nuestro gobierno hacia la banca.

Sólo para una caja de ahorros en el centro de España las ayudas aprobadas -aunque hasta la fecha no se haya dispuesto de la totalidad de las mismas, pero también es probable que no se disponga de toda la ayuda aprobada para Grecia-, fueron de 9.000 millones. Es decir, una caja de ahorros española mediana-pequeña ha necesitado ayudas equivalentes al 30% de un Estado que cuenta con una población de 11 millones de personas. La verdad es que el amor de nuestro gobierno por la caja no es despreciable. Las ayudas aprobadas para el fondo de reestructuración ordenada bancaria, el FROB, para el conjunto de nuestro sector bancario en general, y las cajas muy en particular, fueron de 99.000 millones de euros, es decir 3,3 veces las ayudas aprobadas para el estado griego. La verdad es que es un amor grande el del gobierno por el sector de cajas de ahorros.

Los gobernantes griegos han insistido durante todo este periodo que España terminaría necesitando ayuda. No lo creo, pero esta claro que si la llegásemos a necesitar, y dado que no parece que nuestro gobierno haya mentido sobre su nivel real de déficit como sí ha hecho el griego, se produciría el absurdo de que Europa ayudaría a nuestro gobierno porque éste ayudó previamente a su sector bancario.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 9 de abril de 2010

Lecturas sobre la historia del pensamiento económico

Algunos de ustedes me han comentado que les gustaría que les recomendase algún texto que les diese una visión general del pensamiento económico. Así que cómo es viernes, les voy a recomendar algo en este sentido. Y no les voy a recomendar un libro sino tres. Tres historias del pensamiento económico porque, como ustedes saben, para tener una visión general de las tendencias de una ciencia lo que hay que estudiar es la historia de esa ciencia, y en el caso de la Economía la historia del pensamiento económico.

El primero libro es largo y duro, de una profundidad dificilmente superable, y un clásico. Se trata de la Historia del Análisis Económico ,de Schumpeter. No siempre coincido con este autor, ministro de economía de Austria en el periodo de entreguerras. No llegó a comprender los errores científicos del socialismo que explicaban sus compatriotas Mises y Hayek, y cuando murió en Estados Unidos en 1950 no llegó a ver como, efectivamente, los países socialistas se fueron al traste por culpa de la planificación central de la economía.

El segundo libro, que es más fácil y algo menos grueso, me consta que es libro de texto en las facultades. Se trata del libro de los profesores de la Universidad de Auburn, Ekelund y Hébert, se titula Historia de la teoría económica y de su método, y da una visión general de todas las tendencias del pensamiento y el desarrollo del método económico hasta nuestros días.

Por último, un texto de los profesores italianos Screpanti y Zamagni, sensiblemente más corto que los anteriores, menos duro de leer, y no de menor calidad para mi gusto que el de Schumpeter, porque los temas que evita son prescindibles para los fines que nos proponemos, y mejor orientado que el de los profesores norteamericanos que resulta un poco ligero, aunque sea suficiente. Se trata del Panorama de historia del pensamiento económico.Así que ya ven, esta semana no un libro sino tres. Elijan uno o mejor los tres, pero ya les aviso que necesitarán, para cualquiera de ellos, algo más de una semana de apasionante lectura.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 8 de abril de 2010

La defensa de Greenspan

Ayer habló Greenspan ante el Congreso de los Estados Unidos. Como recordarán, el señor Greenspan fue gobernador de la Reserva Federal de los Estados Unidos -el banco central norteamericano- desde 1987 hasta el año 2006. Fue allí a justificar las actuaciones del instituto que había dirigido hasta poco antes de que saltase la crisis financiera que venimos padeciendo, y fue interpelado por algunos congresistas que le acusaron de no haber previsto, primero, y pasado por alto, después, la crisis de las hipotecas subprime y el excesivo riesgo que habían asumido las entidades. Algunos le acusaron de haber favorecido la desregulación de los mercados, desregulación que sería, en opinión de los acusadores, una base de los problemas que nos acucian.

El señor Greenspan se defendió bien: dijo que, efectivamente, él era partidario de la desregulación, pero que ahí no estaba el problema, sino en la falta de capital de los bancos para el volumen de operaciones y riesgos que asumían. Es decir, los bancos estaban sobreendeudados. ¿Y por qué estaban sobreendeudados? Pues lo dijo de manera velada. Recordó a los congresistas que en su momento era una convinción generalizada de las autoridades que había que favorecer el acceso a la propiedad de la vivienda de capas cada vez mayores de la población. Por lo que se favoreció desde el poder político la aparición de sociedades de crédito hipotecario semi-públicas. Y sólo con estas afirmaciones el señor Greenspan, tal vez sin quererlo, porque le deja en mal lugar a él mismo, o queriéndolo, porque de paso dejaba en mal lugar a los congresistas, a los que acusó de desmemoriados, lo dijo todo sin decir nada más.

Está claro que estas sociedades semipúblicas de crédito hipotecario necesitaban el dinero para financiar las hipotecas, con el fin de obtener el dinero bien podrían haber acudido al mercado, pero los tipos de interés habrían subido ante la demanda de fondos tan alta que requería, por lo que habría sido difícil que los menos favorecidos tomaran a su vez crédito para viviendas. La solución fue otra: emitir moneda. La Reserva Federal emitió moneda, la puso en circulación bajando el tipo de interés al que prestaba y así hubo dinero para los créditos hipotecarios que ahora no se pueden pagar, porque cuando los precios de la vivienda comenzaron a hacerse insostenibles la Reserva Federal solicitó el reembolso de su dinero, y subieron los tipos. Y encima, se acusó a los bancos privados de sobreendeudarse.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 7 de abril de 2010

¡Qué vergüenza, sr. Pangalos!

La desvergüenza de los políticos puede llegar a no tener límites. Para ello sólo tienen que seguir las declaraciones con que los gobernantes griegos vienen obsequiándonos, cada vez que los gobernantes alemanes se muestran, o al menos eso parece, más reacios a hacer frente al desaguisado de la deuda griega. Ahora le ha tocado al señor Pangalos, viceprimer ministro griego, que acusa a Alemania de racismo al no querer ayudar a su gobierno, además de buscar aliados provocando el resentimiento de portugueses y españoles a los que nos vaticina el mismo problema: no podremos pagar nuestra deuda y, además, Alemania tampoco nos ayudará.

Mire usted señor Pangalos, lo mejor que le puede ocurrir a su gobierno es que España y Portugal no amenacen con ir a peor porque será más fácil, dado el tamaño de su nación, que reciba ayuda si todo se circunscribe a ella. No va a recibir su gobierno más ayuda, insisto, si se empeñan en extender su problema. Pero usted, además, asume una responsabilidad moral tremenda porque está encendiendo los odios dentro de la Unión.

Así, aunque le parezca mentira al político griego, puede empezar hasta una guerra civil, pero de las de verdad, como en Yugoslavia. No juegue con los complejos morales que todavía pueden subsistir entre los alemanes ni con la demagogía fácil cuando afirma que los griegos son muy trabajadores pese a lo que piensen los alemanes, porque los alemanes no han hablado nada de si los griegos son trabajadores o no. Nadie en la Unión Europea ha mentado, salvo usted señor Pangalos, si los griegos son más o menos altos, más o menos morenos o más o menos trabajadores. De hecho, nadie habla de griegos sino de su gobierno que se ha sobreendeudado y ahora, eso sí, los griegos tendrán que pagarlo porque son los responsables de haber elegido al gobierno que les gobierna. Y el gobierno que les gobierna, entre otras cosas, ha ocultado a la Unión Europea su situación contable durante años, incluso acudiendo a la contabilidad creativa. Ahora, por lo menos, no engañe más a su electorado que ya tiene bastante con tener que hacer frente al despilfarro de ustedes, y déjeles que elijan a otros. Como ven, los políticos se parecen mucho en todas las lenguas.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 6 de abril de 2010

Una buena noticia: aumenta el ahorro

Espero que hayan descansado en estos días en que recordábamos la pasión y muerte del Señor y celebrábamos su resurrección. Pero hete aquí, que ya estamos de nuevo en el quehacer diario y nos hemos encontrado con una buena noticia: las tasas de ahorro de los hogares españoles han llegado a máximos históricos: casi el 19% en 2009 y casi el 25% durante el último trimestre de dicho año. Ahorrar es buenísimo y no reduce, como afirman algunos, el consumo, porque lo que los hogares ahorran alguien lo toma prestado para invertirlo, que no es sino el consumo de bienes duraderos.

Lo que era insostenible era el excesivo consumo de la fase de crecimiento que se financió acudiendo al ahorro exterior y a la emisión de moneda por parte del Banco Central Europeo, el BCE. El endeudamiento exterior hay que devolverlo y si es excesivo no vendrá de más que nos apretemos el cinturón para reducirlo, así como su carga de intereses. La emisión de moneda del BCE está enterrada en ladrillos. Es decir, provocó una inflación no general sino particular: del mercado inmobiliario. La retirada de financiación del banco emisor europeo que venimos experimentando explica, en parte, la caída de los precios inmobiliarios, pero es que no se podía seguir inflando los precios sin límite.

Ya sé que suelen oir que hay que favorecer el consumo, pero ese es un error científico muy extendido en Economía desde que Keynes público su Teoría General. El ahorro, como saben todos aquéllos de ustedes que tienen alguna experiencia vital, propia o ajena, es la base del crecimiento y el sobreendeudamiento, antes o después, de la ruina. Lo que es un problema no es el ahorro porque, como ya les he dicho, lo que unos no consumen lo hacen otros, sino el atesoramiento: ese fenómeno que supone que alguien ahorra pero no pone lo ahorrado a disposición de los demás porque, por ejemplo, lo guarda en casa, como pasaba en otras épocas con la moneda metálica. Eso no está sucediendo, gracias a Dios, ni sucederá mientras tengamos confianza en nuestro sistema bancario.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 31 de marzo de 2010

La remuneración de las participaciones preferentes

Creo que alguna vez les he hablado de las participaciones preferentes, y no precisamente bien. No porque la figura me parezca mal: al fin y al cabo las partes pueden contratar lo que deseen siempre que no vaya contra la ley o las buenas costumbres. Lo que me ha parecido mal es el modo de comercializarlas. Muchas entidades las colocaron entre sus clientes sugiriendo que eran prácticamente imposiciones a plazo fijo pero con un interés bastante más alto. Lo del interés era cierto porque el suscriptor de las mismas corría mucho riesgo. Al menos, tres: un mayor riesgo de insolvencia pues no están garantizadas por el fondo de garantía de depósitos mientras que las imposiciones sí; de liquidez, como han podido ver aquellos clientes que han necesitado recuperar anticipadamente su dinero y han vendido las participaciones con importantes pérdidas sobre su nominal y, por último, el riesgo que nos interesa ahora.

Las participaciones preferentes de acuerdo con sus condiciones contractuales y legales sólo pagan intereses en el caso de que el emisor tenga beneficios, de tal modo que ahora mismo habría muchas entidades que podrían plantearse que no deberían pagar estos intereses, con el consiguiente escándalo que eso podría llegar a suponer. Escándalo que nace no de la realidad legal y contractual que son las participaciones preferentes, sino del modo en que se comercializaron porque, probablemente, muchos clientes desconocen la misma aunque firmaran los contratos correspondientes. Y hete aquí que nuestro supervisor bancario ha decidido, para favorecer una fusión de cajas, por supuesto, permitir a una de ellas el pago de los intereses de sus participaciones preferentes a pesar de estar en pérdidas, con el argumento de que lo contrario habría generado incertidumbres entre los clientes y depositantes de la misma.

No sé muy bien qué pensar salvo que ahora, las agencias de calificación extranjeras deberían, en consecuencia, rebajar la calificación de todas las entidades españolas que han emitido preferentes pues, en cierto modo, han dejado de serlo y la finalidad de las mismas era aumentar la solvencia de los emisores.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 30 de marzo de 2010

La galleguidad como argumento

Les dije ayer que esta semana sería de pasión para alguna caja amenazada de intervención, salvo que llegase a algún acuerdo de fusión, y hete aquí que anoche, el presidente de la Comunidad Autónoma de Galicia anunció la fusión de las dos cajas de ahorros de la región: Caixanova y Caixa Galicia. Anuncia algo, que le guste o no, no está del todo en sus manos, porque como reconocía deben aprobarlo los consejos de administración de las dos instituciones, y hay algunos problemas. Una de las cajas, la que parece que está mejor, exige unas ayudas públicas mayores y más baratas, porque el tipo de interés que se aplica a estas ayudas es alto, alrededor del 7% o el 8%, de acuerdo con el riesgo de las operaciones y las exigencias de la Unión Europea. La otra caja no tiene siquiera aprobadas sus cuentas anuales e informe de auditoría de 2009, y tiene de plazo legal hasta mañana y parece que no será mañana cuando las apruebe. Vamos, que todavía le dan un disgusto al señor Feijoo y alguien le demuestra que en Galicia, a parte de él, también está el apóstol Santiago y no siempre todo sale como quiere.

Pero lo más importante para mí son los argumentos de tipo técnico-económico que se han utilizado: la operación está basada en la solvencia, lo que parece razonable, y lo que es más importante: la galleguidad. La galleguidad es un argumento para justificar una operación que debiera ser sólo económica y si fuera política, en el noble sentido de esta palabra, debiera hablarse del bien común. Pero como lo que se utilizan son argumentos bastardos en lo político, porque los económicos no se exigen en el fondo, el bien común nos trae al pairo, y exigimos la galleguidad para justificar la operación.

Imagino que una entidad tan gallega como la resultante no cobrará intereses a los gallegos por sus préstamos y les pagará el doble de los depósitos, mientras que a los no gallegos nos tratará peor. ¡Ah! ¿no? la galleguidad no supondrá una discriminación a favor de los gallegos porque la caja se iría al garete. Pues entonces, ¿de qué estamos hablando, señor Feijoo? Pues de lo de siempre, que usted ha ganado las elecciones y le han tocado dos cajitas en suerte y no las va a soltar.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 29 de marzo de 2010

¿Por qué no se fusionan las cajas de ahorros?

Este fin de semana último ha habido muchos rumores que aseguraban que el Banco de España iba a intervenir una caja de ahorros. Los rumores se apoyaban en la amenaza que el gobernador había hecho hace unas semanas a algunas cajas en mala situación en el sentido de que o bien se fusionaban o las intervenía. Finalmente, cuando escribo estas líneas, parece que nada ha pasado aún, pero está claro que esta semana va a ser de pasión para algunos.

Además, esta el otro problema del que les he hablado alguna vez: los 99.000 millones de euros, sí han leído bien, 99.000, que el Gobierno aprobó para el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, el llamado FROB, que deben utilizarse, de ser necesarios, para estas operaciones de fusión y saneamiento antes del 30 de junio o, de lo contrario, habrá que pedir autorización a la Unión Europea. Y claro, quedan tres meses y aquí no se mueve nadie salvo en Cataluña, para aprovechar las ayudas del gobierno español, porque las fusiones más razonables, las transcomunitarias, no gustan a los políticos que no quieren perder la cajita que les tocó en suerte. ¿Pero por qué no se interviene si es que es necesario? o ¿por qué no se fusionan las entidades si esa es la solución alternativa?

La segunda pregunta se la he respondido ya y la primera porque lo que se tienen que intervenir son cajas, no bancos, y los responsables de las cajas no son banqueros sino políticos. Ya se intervino una caja hace un año, dirigida por un político. Ahora parece que hay que intervenir varias porque no se fusionan y no pueden acceder, por tanto, a las ayudas del FROB. Pero es que su intervención sería la demostración, no del fracaso de las cajas como dicen algunos, sino de un modelo de cajas politizadas como otras tantas instituciones muy importantes para el funcionamiento correcto de nuestra economía y nuestro modelo social. La politización de las cajas ha sido algo parecido a la desamortización de las manos muertas en el siglo XIX, la excusa de un grupo de aprovechados para, con el argumento de la racionalización, poner bienes del común o de otros a su disposición sin coste y sin responsabilidades.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 26 de marzo de 2010

Estado contra Mercado

Es viernes, así que ya saben lo que les toca. Hoy les voy a remitir a un texto de un conocidísimo economista por su participación en los medios de comunicación: mi admirado profesor Carlos Rodríguez Braun. Ya saben, ese amable hispano argentino que siempre nos pregunta cómo nos va a pesar del Gobierno. En esta ocasión les voy a recomendar un texto que publicó hace tiempo, diez años, pero que ahora está más en boga que nunca y que todavía pueden conseguirlo en las librerías, según me consta.

El texto es Estado contra Mercado, que además tiene la ventaja de ser un texto que se lee fácilmente en un fin de semana. El profesor Rodríguez Braun es claro en sus escritos y sorprendente en sus conclusiones, y siempre les arrancará una sonrisa. En el fondo les demostrará que para combatir el intervencionismo excesivo que padecemos, lo primero que necesitamos es emplear bien el lenguaje y no dejarnos atrapar por la dialéctica destilada durante todo el siglo XX por los totalitaristas, y que actúa como una auténtica trampa en la que muere la lógica.

Es claro que todo el espectro político actual, sólo lo que los políticos instalados llaman extremos, se salvan, participan de una mentalidad común según la cual el poder político no sólo representa el bien común, sino que lo conoce y sabe cómo alcanzarlo cuando a la vista de lo que ocurre no es así. Pero como son inasequibles al desaliento, si usted lo denuncia le dirán que les faltaron los instrumentos, que necesitaban más intervención, más Estado, para alcanzar sus objetivos porque siempre aparece el mercado para fastidiarles sus planes. Ya saben que el mercado es para los intervencionistas como el mar para un niño que pretende meterlo en una piscina. Y así no hay modo de ordenar la sociedad según su visión. Así que no lo olviden; léanse Estado contra Mercado del profesor Rodríguez Braun.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 25 de marzo de 2010

Que se cumpla la Ley

La salvación de España como nación parece que está en Portugal, única zona de la península donde casi el 40% de la población desea con orgullo ser española, y de los diputados de CIU, la única formación que pone un poco de sentido común en nuestro parlamento. Así, el señor Durán se felicitaba por la proposición de ley que aprobaron ayer, por su iniciativa, los diputados para reducir el plazo de pago de las administraciones a treinta días. El objetivo es alcanzar ese plazo a comienzos de 2013, mediante la reducción progresiva del plazo actual de sesenta días, según la ley vigente.

Pero el verdadero problema no es ése: cobrar en treinta días a partir de 2013. El verdadero problema es que, a pesar del plazo legal actual de sesenta días, la Administración Central tarda 140 días de media en pagar, la Autonómica 150 y la Local 238 días. No hace falta cambiar la ley actual: sesenta días de plazo desde la presentación de la factura hasta el cobro está muy bien. Lo que hace falta es que la Ley, la vigente -no necesitamos una nueva- se cumpla. Si las pequeñas empresas que han entregado bienes y prestado servicios a las administraciones públicas estuvieran cobrando en los sesenta días que marca la ley actual, les aseguro que la situación de las mismas no sería la que es.

La reducción legal de los plazos no sirve de nada si las empresas no tienen instrumentos ejecutivos para exigir ante los tribunales, mediante el embargo si fuera preciso, que se les pague. Instrumentos, que con más o menos fortuna sí tienen para exigir que les paguen sus deudores privados y que permiten que incluso en tiempos de dificultad, la liquidez circule y las relaciones comerciales continúen con más o menos éxito. La situación de muchas de nuestras PYMES no puede esperar a 2013 para que le reduzcan sobre el papel el plazo para cobrar su deuda. Les basta con que se las paguen ahora dentro de los 60 días que marca la ley que no se cumple, y que se le reconozcan los instrumentos que le permiten exigir a los deudores privados que paguen de manera inmediata.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La culpa nunca es de los gobiernos

Ya saben lo que le ha pedido la OCDE a los treinta y un países miembros, las naciones más ricas del mundo: que reduzcan los estímulos fiscales que han utilizado sus gobiernos para reactivar su actividad económica, y que reduzcan su gasto público, porque la deuda pública ha alcanzado niveles insoportables. Ya ven ustedes el corto recorrido, apenas un par de años, que han tenido las medidas que nos iban a sacar de la crisis: no nos han sacado y ya hay que retirarlas. Vamos, que nos hemos puesto el supositorio para el estreñimiento, pero como hemos visto que era peor pues ahora hay que expulsarlo. Vamos, que nos lo hemos puesto un ratito.

Todo esto no muestra sino que las autoridades se han negado a aceptar que la crisis la provocaron ellas y han querido echar la culpa a la Sociedad para después aparecer como salvadores de la misma. Ahora, como no salvan a nadie y es peor continuar en el error, comienzan a aplicar la ortodoxia económica: los excesos se solucionan con austeridad. El endeudamiento excesivo con el que se ha financiado un consumo excesivo se corrige ahorrando. Esto lo saben todos ustedes y las finanzas de la Nación son la suma de la de todos ustedes y las del Gobierno.

El problema es que los gobiernos no han actuado con la prudencia con la que actúan ustedes. Las medidas públicas hasta ahora han llevado el déficit público de los miembros de la OCDE a una media del 8,25% del PIB y han hecho crecer su deuda pública desde un 70% hasta un 100% del PIB en los últimos tres años, lo que supone un crecimiento relativo de más del 40%. Es decir, estas medidas han ido en la dirección contraria. Además, la OCDE ha desaconsejado gravar el consumo con figuras como el IVA (¿les suena?) o los impuestos sobre la renta, y han recomendado buscar los ingresos fiscales en la imposición sobre los bienes inmuebles o los derechos de emisión de gases contaminantes que, por cierto, no es sino un mecanismo de mercado que atribuye los derechos de propiedad sobre el aire que respiramos al Estado como modo de preservarlo. Sin embargo, las autoridades continuarán culpándonos de sus errores a la vez que impidiéndonos responsabilizarnos de nuestras decisiones.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 22 de marzo de 2010

Grecia y su responsabilidad

Hacer el griego puede llegar a tener nuevas acepciones. Por ejemplo, puede querer llegar a decir algo así como: yo me lo gasto pero tú me lo pagas, porque a mí ahora me viene mal. Porque no otra es la actitud del Gobierno griego y de su primer ministro Yorgos Papandreu (hasta que me alcanza la memoria, después de Pericles los gobernantes de Atenas se llaman todos Papandreu). Resulta que el Gobierno griego ha llevado la deuda pública hasta niveles insostenibles que ha ocultado a la Unión Europea mediante los artificios contables oportunos. Ahora que está al borde de la insolvencia, insulta a sus prestamistas tildándolos de especuladores porque le han renovado la misma al 6,3% cuando Alemania paga sólo el 3,3% y, no conforme con ello, se queja de la insolidaridad alemana y atenta contra el sentido común cuando afirma que sería un fracaso de la Unión Europea -y no sólo de Grecia- el castigo y la sanción a este país.

Indudablemente, el pueblo griego no tiene la culpa de haber escogido al grupo que le gobierna, pero ese grupo no puede pretender que sean el resto de los europeos quienes asumamos las consecuencias. Si queremos devolver el sentido a la democracia, los votantes tienen que asumir los errores o la mala suerte de sus elecciones. La idea de que las decisiones nunca tienen coste porque el Estado siempre vendrá a reponerme las pérdidas, que se está cargando ese mecanismo de asunción de responsabilidades económicas que es el mercado, se está trasladando a la política donde esperamos que los errores de una administración sean asumidos por otras de orden superior, un organismo internacional o una entidad multilateral.

Por otro lado, claro que Alemania paga menos que Grecia, pero eso no es porque los alemanes sean más altos y más rubios que los griegos, la señora Merkel sea mujer en lugar de hombre como Papandreu, o conservadora en lugar de socialista como Papandreu, sino porque el gobierno de la señora Merkel está menos endeudado y, además, no ha mentido, como el de Papandreu.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 18 de marzo de 2010

Filolsofía de mercado

Aunque es jueves les voy a enviar a la librería. Ya se lo imaginaban ustedes dado que el fin de semana es largo y mañana es festivo. Otra vez voy a recomendarles un texto de ética, o más bien habría que decir de filosofía, escrito por un profesor que ha prestado mucha atención a la institución del mercado y a sus fundamentos filosóficos y éticos. El libro tiene un título incluso divertido: Filosofía del Mercado. Y se subtitula el mercado como forma de comunicación. El autor es Jesús de Garay, y casi puede decirse que este texto es la continuación de otro que publicó en 1993 y que se titulaba, más divertido aún si cabe, El juego: una ética para el mercado. Digo que más divertido porque muchos pensarán que en eso se ha convertido el mercado, pero eso es confundir los mercados financieros con el mercado y, sobre todo, la apariencia que da el mercado financiero con su fondo.

Lo más importante que subyace en el texto es que el mercado no es sino una forma de comunicación. No la única, ni probablemente la más importante, pero no es sino una forma de comunicarnos con los demás. No otra cosa hacemos cuando actuamos en el mismo y lo hacemos a diario con un gran número de decisiones que se transforman en actos u omisiones que transmiten información a los demás. Estoy muy de acuerdo con el profesor de Garay, tan de acuerdo que la actitud hacia el mercado de los regímenes totalitarios e intervencionistas es la mejor prueba de que el mercado es una forma de comunicación.

Fíjense que lo primero que intenta todo gobierno es controlar las comunicaciones y cuanto más poderosas pueden llegar a ser esas comunicaciones, más interés y empeño pone en controlarlas. El mercado es una fuente de comunicaciones a lo largo de toda una sociedad que los gobiernos pretende controlar para, a su vez, controlar los mensajes, y ello siempre bajo la excusa de nuestro bien que sólo ellos, los del gobierno, conocen. Así, que como este fin de semana es largo, no lo duden y dediquen un rato al libro del profesor Jesús de Garay, Filosofía de Mercado.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 17 de marzo de 2010

El Gobierno británico y la Unión Europea

Pues éste que leen hoy es mi artículo número 100 en este espacio que algunos me han pedido que rellene con las peregrinas ideas que sobre Economía, con la excusa de la actualidad, se me vienen ocurriendo. ¿Y de qué quiero hablarles hoy? Pues de la polémica que tiene montada el Gobierno laborista británico a propósito de un informe de la Unión Europea que dice que dicho Gobierno es muy optimista sobre el futuro del crecimiento económico de Gran Bretaña y que será difícil, como pretende, que reduzca a un 3% de su Producto Interior Bruto su déficit, que anda por el 12% (poco más alto que el español y sólo superior al griego).

La Unión Europea le pide más reducción del gasto público y el Gobierno británico dice que tal reducción pone en peligro el crecimiento económico. En pocas palabras, el Gobierno de su Graciosa Majestad ha contestado que no tienen ni idea, y en Londres se ha montado, no sé si la de San Quintín que decimos, o dado que son ingleses mejor habría que decir la de San Crispín. Pues como ustedes sabrán en ambas batallas, las celebradas los días de San Quintín y de San Crispín, los perdedores fueron los franceses y los vencedores los españoles en la primera, y los ingleses en la segunda.

Pero vamos a lo que vamos. La oposición conservadora, o Tory, como gustan allí de decir, afirma que los eurócratas llevan razón y que es el Gobierno el que no tiene ni idea. Lo que supone un cambio de posición respecto de Europa, pues los conservadores son, por lo general, más euroescépticos que los laboristas. En cualquier caso, el encaje de la Unión Europea en la política económica de los estados comienza a ser un problema, porque o le damos autoridad o mejor que no opine, con independencia de la bondad o no de sus juicios. En mi opinión, cuantos más gobiernos haya en Europa mejor, al menos podemos comparar e incluso, con un poco de suerte, irnos si no nos gusta. Pero en cualquier caso, del rifi-rafe entre laboristas y conservadores ustedes pueden sacar dos conclusiones: o bien que los laboralistas en el gobierno son igual en todas partes, o bien que la condición humana es igual en todas partes. ¡Quédense con la que más les guste!

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 16 de marzo de 2010

El Tribunal Supremo y el aceite de oliva

Ahora que le van a subir el IVA, es posible que en los próximos meses le suba el aceite. Ese magnífico aceite de oliva que se produce en España y que tanto nos gusta, no sólo para cocinar sino para consumir crudo en una buena tostada por las mañanas. ¿Y por qué esperamos que suban los precios? Pues porque el Tribunal Supremo le ha dado la razón a una sociedad denominada CECASA, después de que la perdiera ante el Tribunal de Defensa de la Competencia, primero, y la Audiencia Nacional después, que mostraron mejor conocimiento sobre lo que son los intereses generales que lo que hace ahora el Supremo.

¿Y cuál era la pretensión de CECASA, una sociedad participada por las cooperativas de producción de aceite y las almazaras? Pues no otra que la creación de una sociedad que almacene y retire del mercado los excesos de producción de aceite de algunos años, los de abundante producción, con el fin de evitar las caídas de precios esperadas en tales años. La idea será recuperar la inversión en almacenes y los gastos de almacenamiento, sacando al mercado el producto retirado en los años de producción más baja y precios más altos. No cabe duda de que una actuación como la pretendida por CECASA, tal vez debería haber provocado la defensa de los consumidores por parte de los tribunales, en lugar de los de los productores. Al menos en una sociedad que siempre presume de defender al débil.

Sin embargo, tampoco tengo claro que los consumidores merezcan más defensa que los productores. Lo que más me irrita es el desconocimiento que todos, los tribunales y la propia CECASA, han mostrado sobre el funcionamiento de los mercados y la justicia. Los productores entran en una espiral de costes de almacenamiento que no saben dónde va a parar porque siempre les interesará no dejar caer los precios. Lo más posible es que acaben produciendo un aceite que no quieran vender jamás y acabemos con el aceite como con la producción láctea: produciendo para tirar, para sostener los precios. El gran perjudicado: el consumidor primero, y la caridad después. Porque me dirán ustedes qué sentido tiene producir para destruir antes que bajar los precios, con la necesidad que pasan algunos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 15 de marzo de 2010

El mercado funciona

Lehman Brothers presentó declaración de quiebra el 15 de septiembre de 2008, hoy hace justo año y medio. Y eso es lo mejor que se pudo hacer con semejante conjunto de comportamientos, no ilegales sino inmorales, a la vista del informe que ha presentado la firma legal encargada por un juzgado de Nueva York de estudiar lo ocurrido. En unos días se cumplirá el primer aniversario de la última intervención de una entidad de depósito española. Me temo que dentro de seis meses seguiremos sin saber nada a pesar de que la entidad intervenida es infinitamente más pequeña que el banco norteamericano que les he citado. En cualquier caso, las consecuencias del informe presentado al juzgado de Nueva York no se harán esperar.

Recuerden, si no, lo que ocurrió en el caso Enron: se descubrió que el comportamiento de la auditora, la primera del mundo en aquel momento, había dejado mucho que desear y desapareció de la faz de la Tierra en pocas semanas, menos de un mes. Ahora, parece que la firma auditora actúo al menos de manera negligente, no podemos afirmar que dolosamente como en el caso Enron, pero esa será suficiente para desatar una cadena de responsabilidades, que en Europa desconocemos, y que se llama sociedad libre o mercado, que explica por qué al otro lado del Atlántico se recuperarán antes a pesar de la FED, la Reserva Federal, que ha decidido europeizarse. Lo mismo puede que le llegue a pasar al despacho de abogados que Lehman Brothers tuvo que buscarse en Londres, porque en Estados Unidos nadie se prestaba a ello, para bendecir las prácticas que le permitieron contabilizar las cosas de tal modo que pudo seguir engañando a todo el mundo un ratito más. No les hablo de otros que reciben lo suyo en el informe: el supervisor norteamericano y las agencias de calificación.

Ya sé que algunos de ustedes me dirán que cómo afirmo que el mercado funciona después de que el auditor, el abogado y el calificador de crédito aparezcan, como suele decirse, pringados. Pues porque el mercado no consiste en que los comportamientos inmorales no existen, sino en que tienen consecuencias y graves. Exactamente lo contrario de lo que ocurre cuando se produce la intervención pública. Y si no me creen, hablamos en seis meses.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Qué es la economía?

Viernes, viernes, viernes. No sé ustedes, pero yo necesitaba ya un viernes, aunque sea de Cuaresma, para no perder la esperanza en que al final de toda semana, por dura que sea, hay siempre un sábado y un domingo para descansar y, lo que es muy importante, para dedicarse a la noble afición de la lectura. Esta semana les traigo un libro gordo, pero fácil de leer. Se llama ¿Qué es la Economía? y está escrito por un conjunto de veintiocho autores -profesores y economistas de prestigio-que aportan cada uno a la obra aquellos aspectos en los que son considerados grandes especialistas. La obra fue coordinada por uno de ellos, el profesor Ramón Febrero.

El libro es fácil de leer porque no necesitan comenzar por la página primera y continuar hasta la última, sino que ustedes pueden ir escogiendo aquellos temas de la economía que más les interesan y leer el capítulo correspondiente, que siempre será una pequeña obra maestra que les introducirá con rigor en el mismo. Prácticamente cualquier asunto o aspecto de la economía sobre el que estén interesados está tratado en el libro y pueden introducirse en el mismo, para luego ir más allá si lo desean haciendo simplemente caso de la bibliografía que cada autor recomienda al final de cada capítulo.

Me parece especialmente interesante la parte segunda del libro, donde los profesores Sánchez Molinero, Huerta de Soto y Barceló nos explican los enfoques básicos de la economía: el neoclásico, el austriaco y el de la reproducción, así como la parte tercera dedicada al papel del Estado en la economía que, como saben, en mí constituye casi una obsesión. Por último, destacar el papel del coordinador, el profesor Febrero, porque le ha dado coherencia al libro y no ha permitido que sea sólo un conjunto de buenos artículos sino una auténtica obra para adentrarnos en lo que es la Economía como ciencia. Así que no olviden acercarse a la librería y adquirir ¿Qué es la Economía? obra colectiva coordinada por Ramón Febrero.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 11 de marzo de 2010

Los planes de pensiones

¿Es vergonzoso tener un plan de pensiones privado? Parece que lo es. Pues a mí me parece que no. Y tener un plan de pensiones privado, aunque lo tenga el ministro de Trabajo no es una muestra de desconfianza al sistema público de pensiones. Es tan sólo una manera de ahorrar como otra cualquiera pero que disfruta de una serie de ventajas fiscales con las que el Estado lo potencia, a diferencia de otras formas como comprar deuda pública, una segunda vivienda, unas acciones… Como toda forma de ahorrar es un ejercicio de responsabilidad del que lo hace, que quiere asegurarse que es capaz de sostenerse por sus propios medios y sin resultar una carga para otros en el futuro.

Es una hipocresía que los políticos señalen a los que tienen planes de pensiones pero mantengan incentivos a los mismos. Si es una vergüenza que algunos tengan planes de pensiones privados, ¿por qué los incentiva? Y que conste, que su incentivación no me parece un reconocimiento de que haya problemas con el sistema público. Los problemas en el público deben ser independientes de que existan o no sistemas privados. Lo que sí sería interesante es que, a diferencia del sistema actual que nos hace prisioneros de los productos que los bancos y las aseguradoras nos ofrecen como planes privados de pensiones, porque son los únicos que gozan de determinados beneficios fiscales, el sistema fiscal permitiera que cada individuo delimitara el perímetro de activos a los que quiere dedicar su ahorro de cara a su jubilación, y que la adquisición de los mismos gozara de los incentivos fiscales que ahora sólo reconocen a los planes de pensiones privados como los conocemos actualmente.

No les cuento nada que no exista en otros países. En cualquier caso, que la gente ahorre ni es vergonzoso ni demuestra tendencia política alguna, sino sentido común, y merece la admiración de todos los demás. Sin embargo, ya vieron ayer que el inquilino de La Moncloa afirmó que no tenía, cuando hace unos años dijo que sí, y todo porque ahora ahorrar para la vejez parece que no es progresista. Sobre todo cuando se tiene el futuro asegurado, por lo que se ve.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 9 de marzo de 2010

La especulación y las administraciones públicas

Los ingresos públicos españoles son los que más han caído en los dos últimos años en toda la Unión Europea. Parte se debe a que España es uno de los países a los que la crisis más ha afectado, y parte a que los ingresos de nuestras administraciones habían crecido de manera muy fuerte como consecuencia del denominado boom inmobiliario. En el fondo, nuestras autoridades han sido uno de los grandes beneficiarios de la denominada burbuja inmobiliaria. La burbuja la originó la liquidez abundante del Banco Central Europeo, un crecimiento de la población inmigrante a pesar de las tasas de desempleo no inferiores al 10% en ningún momento, y una oferta de suelo que los ayuntamientos aseguraron que fuera escasa para que les generara abundantes ingresos. Es decir, todo un cúmulo de decisiones políticas erróneas.

Los especuladores, los constructores y los inmobiliarios no fueron los culpables, sino los cooperadores necesarios de los ayuntamientos, una vez que el Banco Central Europeo y nuestro Ministerio de Trabajo crearon las condiciones, de libro, para la aparición de la especulación que siempre alguien termina por aprovechar. En este caso: insistimos, una coalición de empresarios y ayuntamientos. Pero también las aprovechó el Ministerio de Economía, que cobraba los impuestos sobre el Valor Añadido y sobre Transmisiones Patrimoniales sobre abundantes transacciones a cada vez precios más altos. Y las comunidades autónomas, que tienen cedidos porcentajes importantes de estos dos impuestos. Y estos impuestos fueron pagados por los que adquirieron viviendas en estos años: los que cambiaron y los que accedieron a una primera vivienda o una segunda por primera vez.

Las autoridades no quisieron luchar contra la especulación porque ellas participaban de la misma. Sin embargo, se les llena la boca de echar la culpa al mercado que adulteraron con liquidez abundante, escasez artificial de suelo en un país escasamente poblado y necesidad de importar población habiendo desempleados. Como además nuestras administraciones se acostumbraron a los ingresos fáciles de la especulación y ajustaron rápidamente sus gastos a sus nuevos ingresos, ahora tienen problemas para llegar a fin de mes. Pero la culpa nunca es de ellos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 8 de marzo de 2010

Las cajas de ahorro y el final del FROB

Se acerca el 30 de junio. Algunos de ustedes me dirán que queda mucho y otros que cómo pasa el tiempo. La verdad, todos la sabemos, es que según y para qué la fecha está muy cerca: menos de cuatro meses nos separan del comienzo de esos dos que evocan a vacaciones, piscinas, siestas y cambio de hábitos. Pero en cualquier caso: ¿qué ocurre el 30 de junio? Dos cosas: la primera, carente de importancia, es que se acaba la conjunción planetaria de dos líderes progresistas a ambos lados del Atlántico porque el de este lado deja de presidir la Unión Europea. La segunda, de más importancia, que se acaba el periodo para que las entidades de depósito, bancos y cajas, soliciten las ayudas que necesiten del FROB. El FROB no es la onomatopeya del croar de una rana, sino el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, aunque más bien habría que decir Cajaria, porque se creó pensando en las cajas y porque entre los aspectos particulares de nuestra crisis financiera está que son las cajas las que están en peor situación, sin que parezca que de los bancos podamos decir nada más que están pasando una muy mala racha.

¿Y qué importancia tiene que llegue el 30 de junio? Pues que las ayudas que no se hayan solicitado para esa fecha ya no podrán solicitarse, y el Gobierno español necesitará una nueva autorización de la Unión Europea para poner en marcha un nuevo plan de ayudas si fuera necesario. Claro que si después de más de ocho meses, casi nadie ha solicitado ni parece que vaya a solicitar dichas ayudas en el plazo que queda, es que no deben ser necesarias y nuestras cajas deben estar mejor de lo que creíamos. Parece que sólo un conjunto de cajas catalanas han hecho los deberes y que como están dentro de una misma comunidad autónoma española no hay problemas políticos para su fusión, lo que las permite acogerse a dicho fondo.

En el resto de la Nación todo son problemas para las fusiones transcomunitarias, las únicas con sentido como les he explicado otras veces, y, o bien, sólo se habla de fusiones intracomunitarias o de fusiones impropias como eso de los Sistemas Integrales de Protección, o SIP, porque son los mecanismos que han encontrado los caciques locales para no perder el control de la cajita que les tocó, o viene tocando, en la suerte de las elecciones autonómicas. En la dirección de las cajas, los técnicos deben estar sintiendo vértigo ante las caras de mus de los políticos, pues aquí parece que todos llevan 31, pero es que junio sólo tiene 30 días.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Hacia un monopolio financiador

Pues ya saben que entre las medidas que propone el trío que forma la comisión anticrisis de la crisis que nunca existió está la de que el ICO financie a las pequeñas empresas de manera directa, utilizando para ello la red de las entidades bancarias. Este es el último paso en la degeneración del sistema bancario que padecemos, donde los bancos privados han terminado por convertirse en franquicias de un Estado que los utilizó primero como dispensadores de liquidez y ahora como puntos de venta del crédito. Recuerden que hasta hace poco los bancos centrales ponían a disposición de la banca privada toda la liquidez necesaria para que éstos la hicieran llegar al público, pero eso sí: asumiendo ellos, los bancos privados, el riesgo de impago. Ahora, estas entidades financieras, que han aprendido lo peligroso que es esta política de liquidez para todos, han decidido no asumir riesgos, por lo que sus sucursales sólo actuarán como puntos de comercialización del crédito público. En esto como en otros aspectos, el sistema político ha confundido que todo el mundo tiene derecho al crédito con el crédito para todos. Lo que ha generado el descrédito.

No cabe duda de que el préstamo público es visto como una solución por el pequeño empresario que se ve en la necesidad de obtener financiación para continuar con su negocio. Y a quien Dios se la de… ya saben. Sin embargo, esta actuación pública terminará por instalarse en el sistema, y si ya es malo, aunque inevitable, que el Estado actúe en régimen de monopolio, peor terminará siendo que seamos prisioneros de un único financiador: el Estado. Un financiador que actuando en régimen de monopolio no sólo estará sujeto a todas las arbitrariedades que caracterizan al poder político, sino que terminará por no distinguir entre buenos y malos pagadores, porque la diferencia, cuando se entra en esta dinámica, estará sólo en si la operación se refinancia, no en si se cancela o no. De los poderosos sólo nos protege que haya muchos, no que haya uno más poderoso que nadie. Mejor mil banqueros que quieran cobrar que uno sólo que refinancie todas mis deudas hasta la muerte, porque sólo es libre el hombre que no debe.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 2 de marzo de 2010

Soros el especulador

No sé si han leído las últimas declaraciones de George Soros, ese operador en los mercados que se hizo famoso porque sus posiciones contra el Banco de Inglaterra y la libra esterlina en 1992, supusieron la expulsión de ésta del sistema monetario europeo. También en aquella época se posicionó contra nuestra peseta que fue devaluada hasta tres veces en un 25%. George Soros es eso que los políticos llaman con desprecio un especulador. A mí me parece un tipo que entiende los mercados financieros como nadie y saca ventajas de los errores políticos, pero claro, cada vez que Soros hace dinero algún gobierno queda de estúpido y eso no le gusta nada al afectado.

Pues bien, las últimas declaraciones del señor Soros son interesantes porque vienen a corroborar algunas de las afirmaciones que he hecho en este blog, y ya que no soy tan rico como él, al menos me gusta creer que soy casi tan listo. Pero vamos a las declaraciones que tienen el valor de hacerlas alguien con un conocimiento de los mercados poco habitual y extraordinario. Soros ha afirmado que el euro tiene fallo porque hay “un banco central común, pero no hay un Tesoro común”, por lo que el euro, que está siendo sometido a una dura prueba (aquella a la que le somete él mismo entre otros) “quizá no sobreviva a la crisis de Grecia”. Imagínense cómo puede acabar el tema si se desata la crisis de la deuda de algún país de la zona euro un poco más grande que Grecia.

El señor Soros apunta a que el problema está en que los países con fuertes déficit fiscales no pueden, en la zona euro, devaluar su moneda, que en su momento desapareció estableciendo un tipo fijo con el euro, como modo de reequilibrar sus déficit. Esto ha supuesto, como ya les he indicado alguna que otra vez, un incentivo para los gobiernos de la zona euro más irresponsables en el control de su gasto público, pues han trasladado a los demás una parte importante de su irresponsabilidad.

Quien no parece que vaya a poder salvarse de las consecuencias de sus actos es el gobierno de su graciosa majestad, pues con un déficit público de tamaño greco-español no forma parte del euro. Pero esta noticia no es mala para nosotros. Probablemente acelere la compra de inmuebles en la costa española por parte de los británicos antes de que sus libras se derritan como los helados al sol.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 1 de marzo de 2010

La sobreprotección

Algunos de ustedes me preguntan si preveo un recrudecimiento de la crisis financiera. Algo así como una réplica tras el terremoto. La verdad es que soy poco amigo de pronósticos, pero no creo que las actuaciones de las autoridades hayan sido algo más que meros maquillajes. Hay indicios que no me hacen ser optimista, como la situación de sobreendeudamiento de determinados estados que pueden ponerlos al borde de la bancarrota, o las noticias de que Soros está apostando contra el euro. Pero no dejan de ser rumores.

Lo que, sin embargo, sí me parece preocupante son los ataques a las más elementales normas del derecho privado y de la propiedad privada que pueden acabar totalmente con la sociedad occidental, con la excusa de protegerla. Así, el presidente Obama pretende paralizar las ejecuciones hipotecarias con una ley aparentemente bien intencionada que terminará, si se aprueba, por paralizar totalmente, a su vez, el mercado de crédito hipotecario con innumerables consecuencias indeseables.

De momento, el valor de los préstamos hipotecarios de las entidades financieras caerá en picado, lo que afectará a su valor y a la confianza de los depositantes de dichas entidades. Esto podría desatar un pánico financiero mayor que el de hace un par de años, y que se está sosteniendo con ayuda y financiación pública casi ilimitada, o que el de 1929. Desaparecerá, de llevarse a cabo la medida, el crédito para el mercado inmobiliario, dado que la seguridad jurídica habrá desaparecido previamente a su vez, y tan sólo se cruzarán operaciones al contado, con la consiguiente caída en picado de los precios, lo que incentivará aún más al impago de las operaciones anteriores a este supuesto crack. La ausencia de demanda de vivienda, ante la falta de crédito, podría reducir aún más la actividad constructora.

Nada de lo que digo dejará de ocurrir si la medida que se ha sugerido desde la Casa Blanca es aceptada, porque nadie va a prestar si las consecuencias del impago son las mismas que las del pago, las entidades no pueden hacer frente a sus obligaciones con sus depositantes o si sólo se pueden comprar viviendas al contado. Los actos tienen consecuencias. En política también, aunque las pague el próximo gobernante o la próxima generación.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del gobierno.

jueves, 25 de febrero de 2010

La deuda subordinada de la banca española

Algunos de ustedes sólo buscan mi perdición, como cuando me preguntan a cuánto cotiza el sindicalista, dado que los diez mil hijos de Méndez que se manifestaron antes de ayer tiene más peso que un millón de antiabortistas en el ánimo del Gobierno. Pues más o menos como el dólar y el yen: casi 1 a 100. Sin embargo, no les voy a hablar de ello ni de las declaraciones del profesor Rogoff de la Universidad de Harvard, que anuncia la suspensión de pagos de varios estados en los próximos años.

Les voy a hablar de la rebaja de la calificación crediticia de la deuda subordinada de la banca española por parte de Moody´s. La deuda subordinada, para aquellos que lo desconozcan, es un pasivo de las entidades financieras no protegido por el Fondo de Garantía de Depósitos, que en los años de tipos de interés muy bajo las instituciones colocaron entre algunos de sus clientes por los mejores tipos que ofrecían y como un modo de reforzar su solvencia, el de las entidades, pues la deuda subordinada es el último de los acreedores de una entidad en cobrar si hay problemas.

La rebaja que ahora hace Moody´s generará, como no puede ser de otro modo, que el precio de esta deuda caiga en los mercados o, lo que es lo mismo, que los clientes que la suscribieron no recuperen su inversión si necesitan el dinero antes de tiempo. Pero también generará unas oportunidades muy interesantes para las entidades emisoras que, algunas, ya están aprovechando recomprando en los mercados la deuda que emitieron en su momento por debajo del precio al que la emitieron. Algunos me dirán que esto es una vergüenza, que las entidades han engañado a los tenedores o que es una inmoralidad. Dejando de lado que algunos de estos tenedores son inversores profesionales o que los precios los fija el mercado y que las entidades tienen menos capacidad de lo que solemos creer a la hora de fijarlos, lo relevante es que estos movimientos no han sido sino fruto de las políticas monetarias erráticas de las autoridades monetarias. Autoridades que, además, con la teoría de salvar al débil sólo han ayudado al fuerte porque, no lo duden, la competencia nos protege de los poderosos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Quintás vs Banco de España

Ayer hizo Don Juan Ramón Quintás, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), unas declaraciones que fueron muy criticadas, probablemente por mal entendidas. Tengo al profesor Quintás por un buen economista, que en esta fase final de su vida profesional se está despachando a gusto diciendo lo que nadie se atreve a decir, aunque personalmente en este caso no comparto del todo lo que dijo.

Criticó el señor Quintás la medida del Banco de España de forzar a las entidades a reconocer una pérdida del 30% para los inmuebles que permanezcan más de un año en balance. Criticó la medida porque dijo que podría provocar un colapso del mercado inmobiliario al aumentar la oferta de inmuebles de manera súbita, lo que a su vez podría ser un problema, tanto para este mercado como para las entidades financieras que verían sus activos inmobiliarios caer de precio. Los críticos le han dicho que lo que no quiere es rebajar los precios de los inmuebles que las entidades atesoran como modo de sostener los mismos. Las consecuencias de la medida, como afirma Don Juan Ramón, son de difícil previsibilidad. La misma, en cualquier caso, no puede provocar una caída de los precios de más del 30% en los inmuebles si fuera verdad que las cajas de ahorros están ocultando pérdidas, como afirman algunos, y que dichos precios debieran ser inferiores en más de un 30%, como afirman otros. La solución, ni tan siquiera está en, como ha pedido el presidente de la CECA, un estudio de las consecuencias de la norma, como si los valores de las cosas pudieran sostenerse por artificios contables o intervenciones concertadas de los agentes. La solución estaría en que las entidades no tuvieran incentivos de valoración contable a tener los inmuebles en su balance o fuera de él, y eso sólo se consigue aplicando simplemente la normativa contable en vigor: los inmuebles no pueden figurar en contabilidad por encima de su valor razonable, es decir aquél por el que dos partes libremente lo intercambiarían. Es posible que hoy sea difícil estimar dicho valor, pero también es verdad que en los últimos años nadie se ha preocupado de si la normativa contable en vigor se estaba aplicando con rigor o si, como tantas cosas últimamente, dejábamos pasar el tiempo a ver si se arreglaban las cosas por sí solas.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 23 de febrero de 2010

Los sindicatos, por fin, salen a la calle... o no

Hoy es 23 de febrero y para celebrarlo, los sindicatos mayoritarios nos convocan a una manifestación de claro contenido erótico festivo esta tarde. Yo casi que me la voy a perder, pero no dejen ustedes de ir porque la cosa promete.

¿Y por qué digo que la manifestación tiene un claro contenido erótico festivo? Pues por las declaraciones del señor Méndez, hace unos días. Está claro que las relaciones entre el Gobierno y los sindicatos estaban llegando más allá de lo que estos últimos estaban dispuestos a aceptar. Ese hombretón barbado que es Méndez le ha dicho al usufructuario de la Moncloa, en unas declaraciones del pasado viernes: ¨Cuando hay que poner pie en pared, la UGT pone pie en pared¨. Está claro que el Gobierno le tenía contra la pared y algo pretendía porque Méndez ha añadido que lo que pretenden manifestarle al gobierno es que: ¨Zapatero eso no, así no¨.

Pero está claro que si el gobierno se lo hace de otro modo, se van a dejar. El otro modo ya lo conocemos: un 44% de paro juvenil, porque los jóvenes que no han accedido al mercado laboral aún no cuentan para los sindicatos que llevan más de treinta años negociando condiciones laborales peores para los que cada año se incorporan al mercado laboral. Prejubilaciones a los 50 y jubilaciones anticipadas para enmascarar las auténticas cifras de paro, pero eso sí: en las empresas grandes o públicas donde los sindicatos tienen liberados, porque los trabajadores de las pequeñas empresas privadas no cuentan para los sindicatos. Derecho a cobrar de las empresas en los expedientes de regulación de empleo, así como a financiarse con los fondos de formación públicos y otras subvenciones y bagatelas, pero nunca con las cuotas de sus afiliados, que son, por otro lado, bastante escasas.

Está claro que los grandes sindicatos están dispuestos a aceptar cualquier cosa del Gobierno siempre que no venga de frente. Allá ellos, porque yo prefiero que, al menos, me miren a la cara. No es que me vaya a dar más gusto, pero me será más fácil comprenderlo.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 22 de febrero de 2010

La garantía de la Deuda Pública

La verdad es que economía no se aprende en dos tardes. Ni siquiera en los cinco años que duraba antes una licenciatura o los cuatro que lo hace ahora un grado. El usufructuario de la Moncloa nos lo demuestra continuamente con sus declaraciones. El viernes arremetió, porque las declaraciones que hizo no pueden considerarse como otra cosa, contra los mercados. Y lo hizo en Londres, la City, donde se gobiernan las finanzas en Europa. En concreto el usufructuario dijo que era una contradicción que los mercados, beneficiarios de las ayudas públicas para evitar el colapso del sistema financiero, fueran los que exigieran ahora la reducción del déficit público. Y lo argumentaba porque eran los beneficiarios de aquellas, las ayudas, que eran el origen de éste, el déficit.

Lo primero que habría que explicarle al sujeto que nos gobierna es que el mercado o los mercados no son las entidades financieras, sino que las entidades financieras desarrollan su actividad en el mercado, pero no son las únicas. En el mercado financiero actúa mucha más gente que los bancos o las aseguradoras que han recibido ayuda en el exterior, o las cajas que la han recibido en el interior. Actúan, entre otros, todos los que tienen deuda pública española y aspiran a cobrarla. Y como acreedores exigen que sus créditos estén suficientemente garantizados.

¿Y quiénes tienen deuda pública española? Pues muchos extranjeros, pero no gente rica que veranea en los mejores sitios y se codea con gente chic como el Presidente de nuestro gobierno, sino centenares de miles de partícipes en fondos de inversión y de pensiones que exigen a sus gestoras que rentabilicen sus ahorros, compañías de seguros que responden de los seguros de vida, hogar o de automóvil de los particulares, o bancos o cajas, nacionales o extranjeros, que tienen que devolver sus depósitos.

Por otro lado, ustedes, los gobernantes, han dado las ayudas a algunos de los agentes que operan en los mercados, pero no a todos. Usted, usufructuario de la Moncloa, exíjales, en todo caso, a los beneficiarios de las ayudas, esa coherencia que podría haberse aplicado usted no ayudando a los poderosos. Claro, que vistas sus declaraciones, uno sospecha que usted no sabe ni a quién le da el dinero. Comprenderá ahora entonces los temores, ¿o tampoco?

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 19 de febrero de 2010

Sin Rumbo, de John Taylor

Ya hemos llegado al viernes, así que, fiel a mi compromiso de aumentar su cultura económica, les voy a hacer la recomendación de esta semana. Un texto que fue presentado hace poco por la fundación FAES, por lo que es muy probable que algunos de ustedes hayan oído hablar del mismo. Se trata del libro del profesor Taylor: Sin rumbo. Sí, así como han oído, Sin rumbo, y el subtítulo que lo acompaña explica por qué se escogió tal título. Se lo copio porque es toda una declaración de los contenidos del mismo: "De cómo las acciones e intervenciones públicas causaron, prolongaron y empeoraron la crisis financiera".

Algunos de ustedes, los que me leen a diario, pensarán que casi casi podría haberlo escrito yo, pero si fuera así yo no podría utilizar este texto como argumento de autoridad en favor de mis posturas. Y es que el profesor Taylor no es cualquiera. No sólo es profesor de la Universidad de Stanford, sino que ha sido consejero de los presidentes Ford, Carter y Bush hijo, así como subsecretario del Tesoro con este último, entre otros importantes cargos. Pero lo que le ha dado fama mundial es una regla que lleva su nombre y se utiliza por los bancos centrales para establecer el crecimiento de la masa monetaria dentro de unos límites razonables que permitan el crecimiento económico y eviten la inflación.

Pues bien, Taylor demuestra en este libro que las crisis financieras, ésta como todas las anteriores, son creadas por los excesos monetarios de las autoridades, en concreto de las autoridades monetarias: los bancos centrales. Hasta aquí nada nuevo. La gran aportación del autor es explicarnos que los bancos centrales se confundieron al comienzo de la crisis identificándola como de liquidez, en lugar de como de solvencia, por lo que pretendieron solucionarla inyectando más liquidez al sistema, cuando era precisamente un exceso de liquidez lo que había producido la crisis de solvencia. A partir de aquí, el desastre al que nos ha conducido. Pero bueno, léanlo ustedes porque es un texto corto y sencillo. En un fin de semana se lee esta obra de John Taylor: Sin rumbo.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 18 de febrero de 2010

Deuda pública

Ya ni la deuda pública es lo que era. Ya ven ustedes que los Estados Unidos han comenzado a detectar ventas de cierta importancia por parte de los inversores internacionales de los bonos emitidos por su gobierno y que España, a pesar de algunos comentarios triunfalistas, ha tenido que subir la remuneración de sus bonos a largo plazo en la última subasta en un nada despreciable 0,12% anual para poder colocarlos. Nada despreciable porque, entre otras cosas, lo pagamos usted y yo con nuestros impuestos.

Pero esta no es la única noticia que afecta a los bonos públicos. A principios de este año ya se comenzaron a escuchar voces que empezaban a exigir que los bonos públicos dejaran de considerarse por las regulaciones financieras como activos libres de riesgo. Vamos, que estaban diciendo que los bonos emitidos por un gobierno, incluso en su propia moneda, dejaran de considerarse como operaciones sin riesgo. Los emitidos por un gobierno en una moneda distinta a la propia siempre se consideraron sujetos a riesgo, pues el gobierno en cuestión necesitaba, como cualquier deudor en moneda extranjera, adquirir la divisa para hacer frente a sus obligaciones.

Sin embargo, en su propia moneda, un gobierno siempre puede fabricar los billetes necesarios para pagarla. Esto parecía que se evitaba -que el gobierno fabricase los billetes- separándolo de su correspondiente banco central, pero desde que estos últimos aceptan los bonos públicos como garantía de las operaciones de crédito a los bancos privados, resulta que los bancos centrales fabrican toda la moneda que los primeros necesitan para suscribir la deuda pública. Vamos, que la deuda pública comienza a representar los activos de un banco central que no tiene reservas metálicas sobre su propio gobierno. Lo que hace que ni la deuda pública de un gobierno ni la moneda emitida por su banco central tengan valor alguno. Y esto comienzan a detectar los mercados que ha llegado demasiado lejos. No otra es la razón por la que el oro y la plata lleva una década de subidas.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

miércoles, 17 de febrero de 2010

De Grecia a Wall Street

Vaya vaya, parece que el Gobierno griego ha estado ocultando durante toda una década su nivel de endeudamiento real utilizando para ello operaciones de divisas. Concretamente lo que los financieros llamamos, en esa jerguilla llena de anglicismos que tan snob nos hace sentirnos, forward sobre divisas o, en español, permutas sobre tipos de cambio u operaciones a plazo sobre divisa. Estas operaciones forman parte de ese conjunto de instrumentos financieros que reciben el nombre de derivados y que tan mala fama tienen.

El gobierno griego, como cualquier operador interviniente en los mercados, necesitaba una contrapartida y hete aquí que la encontró en esa calle neoyorkina que sintetiza para algunos todos los males actuales: Wall Street. Encontró la contrapartida allí porque, como comprenderán ustedes, la Caja Rural de Aldeaperdida no tiene capacidad para cerrar una operación con el gobierno de una nación europea de más de once millones de habitantes. Sin embargo, eso no ha sido óbice para que algunos culpen a los banqueros norteamericanos de lo sucedido, cuando el que ha ocultado las operaciones en su contabilidad ha sido el gobierno griego. Los bancos americanos no ocultaron las operaciones en sus balances por la sencilla razón de que las normas internacionales de contabilidad y los principios contables aplicados en los Estados Unidos no lo permiten a las compañías privadas. Así, las operaciones con derivados, que presentan importantes dificultades para su reflejo contable, se recogen en los estados financieros de los bancos internacionales por imperativo legal. Sin embargo, el gobierno griego acudió a estas operaciones porque la normativa contable que se aplica a los entes gubernamentales en Europa no le obligaba a reflejar las mismas.

Puestas así las cosas, el crédito de los bancos internacionales al gobierno griego se orquestó mediante un derivado pactado a precios fuera de mercado, de tal manera que dicho gobierno recibió una cantidad al comienzo superior a la que le correspondía en condiciones de mercado por vender divisa y que posteriormente iba devolviendo recomprando esa misma divisa a precios superiores a los que le correspondería igualmente en condiciones de mercado. Una argucia que en un balance privado no habría pasado la primera revisión de un auditor experto. Sin embargo, resulta que las iras de la opinión pública son contra los bancos que diseñaron el producto, dieron el crédito y lo contabilizaron correctamente, y no contra el gobierno que engañó a sus ciudadanos y a toda la Unión Europea a la que ahora pide ayuda. ¡Vivir para ver!.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 16 de febrero de 2010

¿Dónde están los especuladores?

Pues va a ser verdad lo que dice el Gobierno de que hay una conspiración de especuladores. Ayer, un conocido especulador del mercado de divisas y tipos de interés, que ha hecho unos beneficios extraordinarios operando en los mercados, sacudió con sus declaraciones a la banca y a la economía española. ¿Adivinan de quién se trata? pues nada más ni nada menos que del Banco Central Europeo, que en 2008 y 2009 ha dado unos beneficios extraordinarios operando en el corto plazo con la base monetaria y alterando los tipos de interés a corto plazo y la cotización del euro.

Pero vamos a lo que hemos venido. Resulta que el Organismo emisor alertó ayer sobre la posibilidad de que la banca española coseche importantes pérdidas durante 2010 como consecuencia de la caída del valor de los inmuebles y el aumento de la morosidad, movimientos que se alimentan mutuamente en tanto los incentivos de los deudores al impago aumentan con el deterioro de la garantía. Incluso en un derecho como el español, donde la ejecución de la garantía no es necesariamente suficiente para cancelar sus obligaciones.

El problema es que el mayor especulador de la zona euro, el Banco Central Europeo, pretenderá resolver un problema de solvencia inyectando liquidez al sistema, a pesar del anuncio de que previsiblemente los tipos de interés subirán en unos meses, porque la mejor forma de que las cosas no caigan de precio es hacer que todo valga nada, que es a lo que nos encaminamos con tanta liquidez. Esa ha sido la solución que aplicó junto con el mayor especulador del área del dólar, la Reserva Federal de los Estados Unidos, como bien nos ha mostrado el profesor Taylor en un libro del que les hablaré el viernes, y es lo que harán a pesar de la cara de banqueros ortodoxos que ponen. Así, que ya sabe el Gobierno español donde están los especuladores: en unas dependencias de la Unión Europea en Francfort, y a lo que se dedican: a hundir el euro, anegando de liquidez los campos de la economía europea para constatar luego que allí ya no crece nada porque se pudrió todo. Claro que se pudrió todo porque nuestro Gobierno tampoco puso a buen recaudo los silos con la simiente antes de que llegaran las aguas.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

lunes, 15 de febrero de 2010

La conspiración financiera

La verdad es que mantener un blog sobre economía en estos tiempos en España, y querer estar al margen de la polémica política de bajos vuelos que practican nuestros responsables políticos, en el Gobierno y en la oposición, es difícil. Como saben ustedes, la deuda pública española está sufriendo en los mercados financieros una importante presión vendedora. Es decir: que pocos desean tener papelitos aceptados por nuestro Gobierno y practican el pasa la bola o tonto el último con dichos papelitos, intentando hacerlos cada vez más atractivos mediante la rebaja de su precio en cada nueva transacción o, lo que es lo mismo, haciendo que suba el tipo de interés al que se remunera dicha deuda.

Este movimiento no se circunscribe sólo a la deuda pública, sino también a todo tipo de activo financiero emitido por españoles: ya sea deuda privada o participaciones empresariales. Así, el Ibex-35 lleva una caída acumulada de más del 14% en lo que va de año, y van seis semanas, por utilizar el indicador más popular. El Gobierno ha respondido a esta presión vendedora sobre nuestros activos financieros con división de opiniones, como en los toros y como suele tenernos acostumbrados: unos, que no viajan y hablan de cara a la galería española, apuntan hacia la confabulación de los especuladores, mientras que otros, los que viajan para recabar el apoyo de los inversores extranjeros, dicen que no hay tal confabulación.

Hablando de los especuladores, ya les he contado alguna vez que son el chivo expiatorio que, como saben, es el mejor amigo del hombre en palabras del profesor Rodríguez Braun, de los errores de los gobiernos. Más cuanto más ineficaces y populistas son. Ahí tienen a Chávez en la en otra época riquísima Venezuela. Pues bien, nuestro Gobierno para rematar el sinsentido de todo dice que ha puesto al CNI a trabajar para desvelar la trama conspirativa financiera que hay contra España. Dice, porque lo que de verdad ha hecho es decir que ha dicho de cara a la galería de electorado ávido de creer, que los especuladores tienen la culpa de todo, como en otros tiempos creían que las monjas envenenaban las aguas de Madrid. Como esto siga así, Venezuela va a comenzar a parecer un sitio serio.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

viernes, 12 de febrero de 2010

Ética Económica

Ya ven que las semanas vuelan y ya ha transcurrido un octavo de año y de nuevo estamos en viernes. Los viernes acudimos a la librería y así vuelvo a recomendarles otro texto para que vayan incrementando su biblioteca sobre economía. En esta ocasión volvemos a los temas éticos en economía, sobre los que suele prestarse poca atención hasta que vienen las debacles y la ética toma protagonismo el rato que nos dura el dolor. El texto se llama Ética Económica, del dominico alemán Arthur Utz. Sí, sí, han leído bien, de un dominico, porque probablemente sólo en la Iglesia, y no precisamente en los últimos años, se ha reflexionado sobre la eticidad de las actuaciones del mercado. En España, por ejemplo, la Escuela de Salamanca, en la que todos sus componentes eran escolásticos, comenzó a trabajar sobre el tema ya a finales del siglo XVI, es decir, hace más de cuatrocientos años. En otros ambientes, al mercado se le ha tildado siempre de inmoral, pero no se han aportado argumentos racionales sino puramente emocionales. Y eso es lo que nos aporta el profesor Utz, argumentos racionales. Les transcribo la recomendación del autor ante la pregunta de qué hacer cuando la competencia internacional produce más barato que nosotros:

Desde el punto de vista de la ética económica, sólo hay un programa de austeridad del que varias veces se ha hablado: trabajar todavía más y más barato, ahorrar más y mantener la presión sobre los precios a favor de un orden social sano, en el que todos encuentren un puesto de trabajo.

Como ven, un programa económico que haría las delicias de nuestras autoridades, nuestros sindicatos y nuestra ecoprogresía, que no consideran que engañarse a uno mismo y engañar a otros o que la falta de responsabilidad sí que atentan contra la moral, y no propiamente el mercado, que es una institución que moralmente no es neutra porque permite a los individuos comportarse como seres morales, al revés que la economía dirigida e intervenida, que nos corrompe. Así que ya saben: esta semana el libro es Ética Económica de Arthur Utz.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

jueves, 11 de febrero de 2010

¿La UE ayudaría a España?

Ya les conté en otra ocasión por qué es verdad que Grecia está peor que España pero España es para Europa el problema y no Grecia: al fin y al cabo la nación que alumbró la democracia es cinco veces menos que nosotros en términos económicos. Ahora parece que la Unión Europea va a rescatar a Grecia pero, y esta es la pregunta del millón: ¿estará dispuesta a ayudarnos a nosotros si finalmente lo necesitamos? Una ayuda para España que fuese la mitad en términos relativos que la griega, sería dos veces y media mayor en términos absolutos y, además, se sumaría a la ya hecha a favor de Grecia. Y eso es mucha ayuda incluso para Europa.

Alemania, que dado que es un tercio de la economía europea podemos decir que paga un tercio de los platos rotos por otros, comienza a dar síntomas de cansancio. Es cierto que el sentido de la responsabilidad que los alemanes manifiestan en la estabilidad de la moneda única, como antes lo hicieron de la suya propia, les fuerza a aceptar algo que no les gusta nada, pero también es cierto que pueden comenzar a cansarse y, como ya les anuncié un día, plantearse alternativas. Dado que a nadie puede expulsarse del mecanismo de moneda única una vez admitido, pero uno puede abandonarlo siempre que quiera… saquen ustedes las conclusiones.

En el sistema bancario del que nos hemos dotado -un único emisor público en régimen de monopolio, el Banco Central Europeo en este caso-, no parece que puedan caber varios estados con soberanía plena porque, lógicamente, hay incentivos claros a que unos estados hagan descansar sobre los otros sus errores. ¿Qué ocurriría si determinados estados comienzan a negarse a asumir estos errores? La demagogia no tiene fin, y un buen ejemplo lo hemos encontrado en nuestro Gobierno esta semana, echando la culpa de sus males a la confabulación de los mercados. Pues lo que ocurriría es que probablemente nos enfrentaríamos unos europeos con otros, azuzados por nuestros gobiernos. La manera más fácil de acabar mal con alguien es discutir de dinero.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.

martes, 9 de febrero de 2010

Límites a los bancos

Paul Volcker, que fue presidente de la Reserva Federal en la época de los presidentes Carter y Reagan, y ahora asesora a Obama, ha comparecido en la Comisión bancaria del Senado norteamericano con una propuesta, cuando menos, llamativa: limitar el abanico de inversiones que las entidades bancarias hacen con los recursos, propios o de clientes, de que disponen, pues en el caso de que las pérdidas superen a los primeros -los recursos propios-, la garantía gubernamental cubre a los segundos -los recursos de los clientes-. Sin embargo, cuando las inversiones son beneficiosas, los resultados quedan a favor de las entidades.

En el fondo, ha descubierto que el mecanismo de cobertura de los depósitos del público funciona de manera asimétrica en favor del banquero. Pero es que además ha funcionado más asimétricamente de lo esperado porque las autoridades han ido más allá de lo que prometía el mecanismo. El mecanismo asegura los depósitos del público hasta una cantidad, pero no por encima, ni asegura la continuidad de las entidades. Sin embargo, las autoridades han incrementado rápidamente el importe de los depósitos asegurados y, lo que es más peligroso, han asegurado la viabilidad de las entidades que han asumido un riesgo excesivo. El Senado de los EE.UU parece que ve difícil la puesta en marcha de la medida que propone Volcker. Pero no porque le parezca peor o mejor, sino porque con todo el sentido común ve que es complicado hacer cumplir una norma como la que se propone. Y es que muchas veces no se cae en la cuenta de que ya hay mucha legislación bancaria, de mejor o peor calidad, pero tanta que es difícil, en ocasiones, vigilar su cumplimiento.

Comparto con Volcker su interés por acabar con los efectos perversos que el aseguramiento de los depósitos parece producir en los banqueros, pero la solución no me parece que venga de prohibir actividades que, en principio, no pueden ser ilegales porque no son inmorales. De hecho, ya hay mucha regulación, como la conocida como Basilea II, cuya finalidad es asegurar que las entidades asumen riesgos que pueden soportar y que, sin embargo, no nos ha evitado los problemas que padecemos. No nos los ha evitado porque el riesgo no existe cuando otro corre con las consecuencias y porque, como bien se ha dicho, este riesgo es sistémico, es decir: de sistema y quienes los han creado son los bancos centrales con su absoluta libertad para emitir moneda, primero, y las autoridades corriendo con el gasto de los platos rotos.

Y admítanme un consejo: desconfíen siempre del Gobierno.